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sábado, 23 de diciembre de 2023

La Navidad, el reguetón y las guerras de nuestros días

 


 

 

La Navidad, el reguetón y las guerras de nuestros días

Jon E. Illescas *

[Tiempo de lectura del artículo: El que usted desee y precise]

 

Y llegó la Navidad. Bueno, en realidad, aterrizó en nuestras vidas a inicios de noviembre, cuando en parte de nuestro mundo occiddental, los turrones y los adornos se instalaron en los supermercados. Pronto lo hicieron, también, las luces, decorando nuestras ciudades. Añadan, por supuesto, los anuncios de juguetes y videojuegos dirigidos a los niños, goloso objetivo de las campañas de marketing. También los villancicos, ahora “actualizados” con una capa de reguetón, autotune e instrumentos sintéticos. Estupendo, ya lo tenemos todo para celebrar la Navidad, sin duda. ¿Y los gorritos de Papá Noel? Doy por sentado que ya tienen el árbol montado en el salón. Compren uno nuevo si el del año pasado no se mantiene erguido. Total, es de plástico, ¡qué mas da! Así contribuimos al desarrollo sostenible.

¿Y qué vamos a celebrar? ¡Vaya pregunta!, ¡qué tontería!, ¡todo el mundo lo sabe! La Navidad es esa fecha en la que nos reunimos con la familia, algunos tienen unos cuantos días de vacaciones y nos hacemos regalos. ¿Acaso se necesita otro motivo? No, por supuesto. Faltaría más. Razones no faltan, pero…, ¿por qué hacemos lo que hacemos? ¿De dónde viene todo esto? Bueno, ya saben, saltándonos las Saturnalias de la Antigua Roma y todo lo que hubo antes, se supone que celebramos el nacimiento de Cristo, también llamado Jesús. Sí, sí, aquel niño pobre, la Virgen, San José, el buey, la mula y todo ese rollo. Vamos, el belén. Aprovecho para recordarles que montarlo con sus figuritas y el establo en miniatura en los salones de hoy no es estrictamente necesario ni recomendable. Efectivamente, tiene un insoportable aroma a siglo XX y Cuéntame,1 que difícilmente casarían con nuestros muebles del Ikea y nuestros pisos alquilados de 50 m2 en la gran ciudad, cuando a las 00:01 del día 1 nos hagamos un selfi con la intención de compartirlo en las redes mostrando nuestra exultante felicidad.2 Lo más importante en estas fechas, sin duda, es el árbol, las luces y los gorritos de los anuncios de Coca-Cola. Faltaría más.3 Pero volviendo a Belén, Judea, Jerusalén y toda esa historia, que me pierdo… Una pregunta: ¿allí lo celebran?

Claro, lo llevan “celebrando” varios meses. Ni siquiera esperaron a noviembre, se adelantaron a principios de octubre y suman ya 20.000 muertos de “tanta fiesta”.4 Empezó con una rave de jóvenes con música sintética cerca de la franja de Gaza, siguió con una masacre perpetrada por fanáticos gazaties financiados desde países vecinos y ha continuado sin pausa al compás de los ensordecedores estallidos de las bombas israelíes financiadas por EUA y una parte de la UE. Con la sigilosidad y la impasibilidad de la que solo son capaces los políticos profesionales y la indiferencia e impotencia de la mayoría de las poblaciones absortas en su mundo deformado representado a través de las pantallas, los líderes de turno autorizan masacrar hospitales, niños y todo ser viviente que pase por allí en nombre de la lucha contra el terrorismo, de los otros, por supuesto, ya que el suyo se llama “legítima defensa”.

En su afán por celebrar el fin de año como “Dios manda”, incluso asesinaron periodistas. Por error, claro está. Pero como no hay mal que por bien no venga, quizás así más de uno se pensará dos veces si quiere reportar más de la cuenta y fastidiar las fiestas de las gentes de bien. Ya saben, todo sea por mantener el PIB de algunos y porque el desempleo estructural de los países desarrollados no deje a la industria sin sus mercancías vendidas, digo, regalos regalados. Porque si bien gran parte de los trabajadores del mundo “desarrollado” ya no pueden comprarse una casa, los regalos navideños en forma de Iphone o cualquier otro juguetito con luces producido en la no tan comunista sino más bien capitalista China, no pueden faltar en las cartas que, desde Occidente, piden todos con fervor consumista a los Magos de Oriente.

Así que en esa parte del mundo se adelantaron a sus propios Magos, como en España con la magia de la Lotería de Navidad… de la que pudimos ver décimos en venta desde verano. ¡Por Dios, que este año nos toque y nos solucione más de una púa! ¡Ojalá para poder pagar la mitad de la hipoteca de la casa o la carrera de nuestra hija! La esperanza es lo último que se pierde, ¡que les voy a contar! Por cierto, hablando de todo un poco y ya que estamos en Navidad según El Corte Inglés, les recuerdo algo que, según Lucas, dijo aquel famoso hijo de un carpintero nacido donde hoy caen las bombas y lloran los niños, protagonista relegado a actor de reparto en todas estas fiestas que, supuestamente, celebramos en su nombre: 5

“¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” (Lucas, 18, 24/26)6

Palabras pertinentes también hoy día, porque como vimos, en la antigua tierra donde Jesús moró, el Cielo de algunos es el Infierno de otros. Y ahondando en los contrastes, ¿saben ya eso de que el 1% más rico acumula en estos dos últimos años más riqueza que el resto de la población mundial junta?7 ¡Qué cosas!, ¿verdad? ¡Qué bien hemos salido todos de la crisis del COVID! Más unidos que nunca, como hermanos, con la lección aprendida y mucho más resilientes. Me encanta esa palabra tan de moda, “resilientes”, la suelen utilizar los políticos cuando hablan de algo doloroso que no les afecta a ellos y sí a quienes sufren los efectos de sus políticas. Es decir, a nosotros.

Permítanme que, en este extraño artículo de opinión que coquetea con el monólgo, les comente otra curiosidad que me ocurrió hace unos días e inspiró el nacimiento de esta misiva de vocación pública. Parece inconexa, pero ya verán, ya. Resulta que, a través del WhatsApp, una siempre atenta profesora de Secundaria me mostró varios vídeos de menores con sus padres haciendo bailes en Tik Tok celebrando la Navidad, es decir, con el sombrero de Papá Noel, el árbol y las luces. Kit completo. Todo correcto, pero esperen. Bailaban al son de una canción-villancico del reguetonero puertorriqueño Arcángel, superestrella internacional de Rimas Music, llamada Feliz Navidad 3. Eso sí, ni a la de tres me quedó claro qué tenía que ver la letra de la canción con el mensaje, la vida y obra de Jesús.  No vi tampoco atisbo de espíritu navideño adaptado a nuestros días como en aquella famosa canción-villancico rock de John Lenon que en los setenta compusó y cantó contra la guerra y la pobreza.8 El reguetonero, en cambio, cantaba en otra dirección muy diferente:

¡Feliz Navidad para todos ustedes!

¡Jingle Bells, Jingle Bells, Jingle Mother Fucker,

 de nuevo papi Arca dándote lo que te toca!

 

Para los que desconocen la lengua de Shakespeare, decirles que Mother fucker significa “hijo de puta”, en castizo. El estribillo seguía como a continuación les expondré, pero en defensa de los alegres padres y madres que subían vídeos perreando con sus hijos [sic], diré que quizás, no muchos de las que la bailaron y la siguen bailando sabrán cómo continua Feliz Navidad 3, porque no se suelen tomar la molestia de ir más allá de los 15 segundos de melodía que las RR.SS. como Instagram les sugieren para subir bailes y recolectar un poco de aceptación social en forma de likes y corazoncitos… ¿o sí? Veamos:

 

Dibiri-dab-dab, feliz Navidad
Pa' los que frontearon con cojone'
Ustede' me dicen si quieren morirse, cabrone'
Ya que en esta Navidad andamo' matando lechone' (Wuh), prra
Dibiri-dab-dab, feliz Navidad (¿Y qué pasó?)
Pa' los que frontearon con cojone' (Jajaja)
Sin esforzarme mucho facturo con tranquilidad
Yo soy el duende malvado de la fuckin' Navidad (Jijijiji)

 

Sin duda, excelso, profundo, precioso y, ante todo, tremendamente navideño. En todo caso, conocieran o no esta incontestablemente inspirada parte del estribillo, algunas madres subían sus shorts o reels (vídeos cortos de unos 15 segundos) bailando/perreando con sus bebés en los brazos y otras dejaban a sus niñas de siete años marcar su indeleble huella digital en Internet en forma de vídeo haciendo gestos obscenos relativos a la cópula. Todo ello aderezado, por supuesto, por la armonía disonante y la producción oscura del insigne artista del reguetón Arcángel que, recientemente, en una entrevista afirmó con una sinceridad abrumadora no exenta de cinismo:

Yo canto reguetón: uno de los géneros musicalmente más pobres que existe en la historia de la música, porque el reguetón se hace con un pianito (gesticula como si solo tocara una tecla de modo repetitivo), no es lo mismo que tú hacer esta música que necesitas meter todos los músicos a la cabina [de grabación], hay que leer música, tienes que saber de tonos. En el reguetón, si tú hablas una mierda bufiá y te mueves bien [comienza a gesticular como si estuviera bailando]… ¡Ya no tienes ni que hacer eso! Ya si te vistes, cabrón, ¡tienes comida en el reguetón! ¿Sabes? Critíquenme, mira cómo estoy hablando de mi propio género, ¿entiendes? [afirma mirando a la cámara], ¡llévate ese al pecho, mejor! Acabo de decir que el reguetón, musicalmente, comparado con otros, es una mierda. Porque musicalmente es un género bien pobre, ¡todo es sintético! ¿Sabes? ¡La música de verdad se toca pa’ que se sienta la vibra y eso!... Nosotros no hacemos na’ de eso.”9

A lo que el entrevistador responde: “Por eso los músicos y productores que hacen música así con ritmo y eso se encabronan muchas veces cuan…” Arcángel le corta y continúa su reflexión con visible entusiasmo cogiendo un vaso de bebida con la otra mano: “¡Bien cabrón! Cuando ven a un chamaquito (adolescente) haciendo música con un dedo y con un pianito así de chiquito y ese chamaquito es millonario y tú fuiste al instituto del pianista ese… (…) ¡olvídate! Y eres fanático de este tipo que era sordo to’ el tiempo y… ¡Beethoven! Y tú vas… ¡Beethoven! ¡Mira, cabrón, viene un reguetonero y te ti-ti-ti-ti-ti (dice gesticulando como si tocara todo el tiempo la misma tecla del sintetizador)”

A su modo, Arcángel, artista con más de 40 millones de seguidores en sus redes sociales, está describiendo lo que un servidor anunció hace tiempo en sus libros: la subsunción del arte musical en el capital. Antes los músicos querían ganarse la vida e incluso vender lo máximo posible de la música que honestamente componían, hoy quieren ser millonarios con la música prefabricada que sus jefes y equipos de marketing les ordenan que tienen que hacer para aumentar los beneficios del modo más rentable. Es decir: invirtiendo lo mínimo (menos músicos y de menor calidad) y ganando lo máximo mediante la fórmula de más publicidad para todo lo que promueva el sensacionalismo (sexo, violencia, criminalidad, culto a la riqueza, sexismo, lenguaje malsonante, etc.). Y recuerden: somos lo que comemos. No solo lo que va a nuestro estómago sino también lo que introducimos en nuestra mente a través de nuestros ojos y oídos. Es decir, Arcángel no solo es “el duende malvado de la fuckin' Navidad” sino que es el auténtico profesor de tus hijos, como tantos otros profetas del turbocapitalismo cultural (desde influencers que aconsejan invertir en bitcoins, defraudar a Hacienda, privatizar las pensiones o vender órganos o niños como epítome de la “libertad”; hasta gurús de la autoayuda, pasando por las modelos de toda la vida, mafiosos o estrellas del porno amateur bajo demanda en redes como Only Fans). ¿Cómo creen que ganó un tipo como el que ahora preside Argentina?

Aquí lo que “mola” es ganar dinero. No importa el cómo y por eso en el videojuego más esperado de toda la historia, el GTA VI que se prevé saldrá en 2025, los fans de la franquicia podrán seguir jugando a que son narcotraficantes que empiezan desde cero construyendo su propio imperio narcocapitalista matando a la competencia y lucrándose con la miseria de muchos. Todo lo demás, todo lo que no se puede transformar automáticamente en dinero, es para poetas y trasnochados. Lo que importa es el money, cuanto más mejor. Olvídense de la meritocracia basada en la cultura o el esfuerzo, lo que importa es la meritocracia de cómo de rápido se pegó el pelotazo, cuál fue el tamaño de la ingeniosa estafa. Y quien piense en otra cosa es un gilipollas, con perdón. Eso lo han aprendido ya de memoria casi todos nuestros adolescentes, casi todos mis alumnos.

Efectivamente, lo han memorizado a través de los contenidos que la industria cultural les sirve en esas pantallas que los acompañan todos los días desde su casa a las aulas, pasando por las camas y los cuartos de baño. Esa industria cultural de la oligarquía mediática del capital es la auténtica Iglesia de nuestro tiempo. Mucho más poderosa de lo que nunca llegó a ser el Vaticano y la Iglesia católica, la religión definitiva de la sociedad burguesa en el siglo XXI. Ahora no solo no son viles los préstamistas como ocurrió en la Edad Media, sino que también son buenos los youtubers que se enriquecen y se marchan a vivir a paraísos fiscales, porque el único paraíso en el que creen muchos de nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) está en este mundo (o en el de las pantallas), pero nunca en el que los obliga a apartar su mirada de sus móviles buscando el cielo. Hoy, el cielo es el infierno y viceversa. No pueden esperar nada que no sea la gratificación instantánea, no podemos, porque nos han adiestrado para eso con la cultura de la estimulación incesante de la dopamina. ¡La mayoría de los profesores ya no leen! ¡Incluso reconocidos intelectuales de izquierda que escribían libros ya no los leen enganchados a las redes sociales! Un presente omnipresente y omnisciente que con los tentáculos de los algoritmos del capital devora los sueños y los más nobles ideales. Nos devora.

Por eso da igual los muertos que cuesten las bombas que han de explotar en Palestina, Ucrania o en cualquier país africano de esos que nadie sabría señalar en un mapa. Son necesarias para los “emprendedores” de las fábricas de armas y para los constructores que harán su agosto cuando haya que reconstruir todo lo destruido. Por supuesto, también da igual las pantallas que haya que vender a nuestros alumnos en sus casas y en las aulas para que sigan lobotomizados e insensibilizados con la cultura del capital escuchando a Arcángel o a cualquier otro de sus clones. Dará igual que sigamos tirando casi la mitad de la comida que producimos porque una vez que se venda, al capital no le importa que nos la comamos, la demos a los pobres o a nuestros perros. Dará igual hasta que Arcángel nos asegure que su música “es una mierda” o los ministros de los países “democráticos” se ufanen en vender armas a los países en guerra mientras predican la paz. Lo que importa es vender, todo lo demás son daños colaterales, incluidas nuestras vidas, que cada vez tendrán un acomódo más difícil en estas sociedades de lógica unidireccional, pecuniaria, acumulativa e implacable.

En fin, ¿qué más añadir? Otra “dulce” Navidad en nuestro sistema-mundo capitalista, hasta que el cuerpo aguante. O el planeta, que ya se está cansando de nosotros. Otra Navidad donde todo lo bueno que ha desarrollado la cultura homínida será posible presa del capital y, sino ha sido subsumido todavía a su lógica, estará a punto de hacerlo: desde la música que nos mueve a nuestros mejores deseos para con aquellos que amamos. Todo embrutecido por la cultura de la incultura, la muerte y la destrucción no solo de las vidas ajenas, sino de las propias. Todo ardiendo en la pira del Santo Templo del Santísimo e Incuestionable Beneficio de unos Pocos. Sería bueno recordar ahora aquellas palabras que dejó escritas aquel hombre sabio y barbudo al que le quedaría sorprendentemente bien el traje de Papá Noel (o Santa Claus, como dicen en Disney +),10 aquel viejo cascarrabias del siglo XIX del que todavía se habla y se aprende en el XXI:

"...[la] producción capìtalista es enemiga de ciertas ramas de la producción, como, por ejemplo, el arte y la poesía." (Marx, 1980, I:262)

Pues bien, sin arte y poesía no subsumidas a la lógica del capital, no hay humanidad posible, porque el arte y la poesía son expresión de lo mejor que llevamos dentro, de nuestra sensibilidad y nuestra capacidad de amar. Y amar es revolucionario, como tantos revolucionarios, comenzando por Jesús, nos enseñaron a lo largo de la Historia. ¿No se lo cree? Piense lo que haría por amor, lo que ha hecho. El amor es lo contrario a la indiferencia, es una revolución constante en nuestras vidas. No te da igual que le caiga una bomba encima a tu hijo, a tu mujer, a tu hermano, a tu amigo. El amor no son unas zapatillas de casa cómodas que nos protegen del frío. ¡Pueden serlo, qué duda cabe!, pero también son unas zapatillas de deporte que nos obligan a movernos, a correr, a saltar, a salir de nuestra zona de confort, a enfrentarnos a la vida. Mire a su alrededor y observe cuánto amor no necesita nuestro mundo, cuanta revolución de conciencias, de educación, de políticas. Nadie hará esa revolución por nosotros. Nadie. Mucho menos los falsos profetas del capital y sus mandarines políticos.

Así que hasta que decidamos armarnos de valor y construirla con nuestro esfuerzo, paso a paso, me despido de ustedes deseándoles de corazón que pasen una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo. Ojalá en 2024 comencemos a espabilar y a construir un mundo donde, de verdad, pueda existir ese tan cacareado espíritu de fraternidad colectiva sin resultar insultantemente grotesco, cínico, carente de arte, poesía, virtud y auténtica humanidad. Hasta entonces, tendremos el menú de siempre: Merry Christmas and Happy New Year!

 

* Profesor y Doctor en Sociología y Comunicación. Es autor de los libros Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes y La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados, ambos publicados por el El Viejo Topo. También es el conductor del programa de divulgación Tu YouTuber Marxista.

 

Notas:

1. Cuéntame es una popular serie española que se emite desde 2001 en RTVE y narra las peripecias de una familia de ingresos medios en la España franquista desde finales de los sesenta.

2. También denominado, por la RAE, “autofoto”.

3. Porque Coca-Cola sigue siendo cool ya que, pese a que nació en un lejano 1886, ha experimentado un buen rediseño de marca gracias a su legión de diseñadores y demás peones del equipo de marketing. ¿Y quién no se pide una Cola con algo más en alguna macrodiscoteca en Nochevieja?

4. Cifras a 13 de diciembre de 2023. Fuente: RTVE (2023), Mueren 10 soldados, entre ellos un coronel, en el día más mortífero para Israel desde el principio de la invasión. En RTVE Noticias, [en línea], 13 de diciembre de 2023.

5. Parece clara su existencia, aunque esto sería continuar un debate eterno. Queridos lectores ateos, concedanme su existencia, sino como hijo de Dios como un influencer hippie-pacifista del mundo Antiguo

6. Esto se lo dijo a sus apóstoles tras su conversación con un hombre acaudalado que quería saber qué más debía hacer para ir al Cielo. Jesús le dijo que lo dejara todo y se marchara con él a predicar, tras lo cual el hombre bueno, pero rico, se marchó triste a su confortable hogar.

7. Fuente: Oxfam, 2023, en el informe La ley del más rico. Gravar la riqueza extrema para acabar con la desigualdad.

8. Hayppy Xmas (War is Over) de 1971.

9. Saavedra, Frank (2023), Arcángel asegura que el reguetón “musicalmente es una mierda”. En Infobae, [en línea], 14 de diciembre de 2023.

10. Pronúncielo “plas” y no “plus” porque, aunque venga del latín, lo que quedaba bien, como todo en este mundo, es pronunciarlo en inglés.

Bibliografía:

Eagleton, Terry (2007), Jesucristo, los envangelios. Akal: Madrid.

Marx, Karl (1980) Teorías sobre la plusvalía (Tomo I). Fondo de Cultura Económica: México D.C.

 

Este artículo se finalizó el viernes 17 de diciembre de 2023 y, siguiendo el espíritu navideño, tiene Licencia Creative Commons BY-NC-ND, es decir, se permite su distribución y citación sin cambiar el contenido ni la disposición y citando su autoría. Su uso comercial no está permitido.

viernes, 11 de junio de 2021

Por una industria cultural contrahegemónica y transnacional

 

                                    * Obra de Josep Renau: "El futuro trabajador en el comunismo" (Boceto, 1969)

 

Los niños y adolescentes son muy inteligentes. Más de lo que parecen. No hacen lo que los adultos les dicen que hagan en tanto individuos particulares, sino que imitan lo que el conjunto social realmente hace. Es decir, ante discursos antagónicos prima el conjunto de la praxis social sobre los individuos. Si su profesor les dice que es bueno que lean, pero él no da ejemplo, desde luego no les animará a leer. Pero incluso si ese profesor en realidad lee y no hace sino más que proponerles lo que honestamente considera una de las mayores curas para el alma (la luz del conocimiento); si la mayoría de la sociedad no lee: la mayoría de niños tampoco leerán.

¿Y quién educa hoy a los menores? Por supuesto, su familia, sus profesores y las organizaciones o asociaciones donde puedan desarrollarse. Claro que sí. Pero faltan otros importantes pedagogos, quizás los más importantes en los tiempos que corren: las pantallas. Efectivamente, en un país de capitalismo supuestamente desarrollado como en España, con un 60% de su sistema domiciliario de Internet de fibra y con una imparablemente creciente cobertura móvil en 5G,[1] un alumno de 14 años, consume, promedio, 9 horas de su día frente a la pantalla. 63 horas semanales. Solo contando el ocio, descontando las tareas que el profesor pueda mandar que requieran del ordenador. ¡9 horas de pantallas en su tiempo libre!, ¡más de lo que dedica al sueño![2]

Hace siglo y medio, Marx escribió en su célebre Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859) que el desarrollo de las fuerzas productivas era el que condicionaba las relaciones económicas entre los sujetos,[3] es decir, el modo de producción, junto a la lucha de clases. Cuando las tecnologías paridas por el incremento de las fuerzas productivas llegaban a un cierto punto de desarrollo eran incompatibles con el modo de producción existente y por tanto era necesario cambiarlo. Y eso implicaba una revolución social.[4] Sin embargo, dentro de las fuerzas productivas Marx y Engels contaron la ciencia, es decir, la naturaleza humanizada objetivada dentro de nosotros. ¿De qué sirve tener mucha tecnología (naturaleza humanizada fuera de nosotros) si nuestra capacidad de controlarla es paupérrima? ¿De qué sirve tener el 60% de la población con una estupenda conexión a Internet si en su mayoría la emplean viendo contenidos de ínfima calidad creados a partir de los objetivos de obtener la máxima rentabilidad y controlar políticamente a la población trabajadora ignorando por completo los mejores valores que la humanidad ha forjado a lo largo de su evolución?

Marx reconoció a la ciencia entre las fuerzas productivas. Foto: Tomada de Internet

¿Qué valor tiene que casi todas las familias españolas (incluidas algunas que pasan hambre y tienen a sus hijos por debajo del nivel de pobreza) tengan un smartphone o una tablet, si malgastan sus días enganchados a videojuegos violentos, escuchando McMúsica industrial que promueve valores como el sexismo, la agresividad, la violencia, el desprecio a la cultura, el culto a la riqueza o el individualismo más egoísta? ¿Para qué tanto Internet si cada vez más niños todavía siendo menores les quitan la tarjeta de crédito a sus padres para hacer apuestas deportivas online o consumir pornografía sin tener capacidad de asimilar lo que están viendo? ¿Para qué tanto control sobre la naturaleza externa si no somos capaces de controlar nuestra propia naturaleza interna, nuestro ser consciente?

Sumado a ello hemos de anotar que cuando uno mismo no ejerce control consciente sobre sí, está siendo controlado por otros factores. U otras personas. Porque al igual que cuando un sujeto que no es capaz de controlarse y come más de lo que su cuerpo necesita es esclavo de su gula (o ansiedad) generando con ello problemas de salud como sobrepeso, obesidad e incluso obesidad mórbida en el peor de los casos; del mismo modo puede ocurrir que aquel niño o adolescente que no pueden separarse de la pantalla de Facebook, Instagram o YouTube esté contribuyendo con su adicción a que otros forjen su cultura e ideología acorde a sus propios intereses. Primero, porque está permitiendo que otros recopilen sus datos más personales que dejan su huella en el ciberespacio para venderlos a terceras compañías; segundo, porque está exponiéndose a contenidos que otros (de muy distinta clase social) sufragan para que ellos los consuman y, tercero y último, porque está intercambiando su atención por los contenidos con los cuales las empresas transformarán su atención en mercancía que las empresas venderán a los anunciantes.

“(…) ¿Para qué tanto control sobre la naturaleza externa si no somos capaces de controlar nuestra propia naturaleza interna, nuestro ser consciente?”

Comencé hablando de niños y adolescentes. Lo hice para enfatizar que son los más indefensos y que tenemos una responsabilidad con ellos, pero a partir de este párrafo del artículo incluyámonos todos. ¿O es que cada vez más los adultos no andamos pendientes de las pantallitas? ¡Si hasta mi abuela de 92 años anda medio enganchada al WhatsApp! El otro día me dijo que le gustaba más la foto que me había puesto de perfil, más que la otra quería decir, que no le gustaba nada (no me atreví a preguntarle el porqué). ¡Y gracias a Dios que casi no me cambio la foto porque me lo dijo apenas a los 5 minutos de hacerlo! En ese momento comprendí que el mundo se enfrentaba a una disyuntiva civilizatoria. Si le pasaba eso a mi abuela, ¿qué no les pasará a los menores? ¿Qué les podemos pedir si nosotros no damos ejemplo?

La tecnología en abstracto puede ser neutral pero en concreto jamás lo es. Es buena o mala, punto. Cuando con el cuchillo cortamos el pan y nos hacemos un bocadillo bien sabroso es buena o cuando el cirujano con su bisturí nos salva la vida de una letal enfermedad. Pero es mala, peligrosa, en manos de un asesino, de un ladrón o de una persona que sufra una enfermedad mental que lo enajene de su personalidad real. Hoy tenemos que preguntarnos quién controla la tecnología que nos tiene pasando tanto tiempo de nuestras vidas frente a esas pantallas.

¿Quién están detrás de su fabricación, gestión, producción y difusión de contenidos? ¿Quién decide qué mensajes o contenidos prevalecen por encima del resto? ¿El Espíritu Santo del capitalismo? ¿La “mano invisible del mercado” que diría un Adam Smith deformado por los neoliberales actuales que se quedan con lo que les interesa y ocultan sus diversas críticas al capitalismo? ¿Quién es el dueño de la mano que mece la cuna de tantas horas de nuestros días? ¿Quién y dónde habita?

Por eso creo que el documental cubano La Dictadura del Algoritmo de Javier Gómez Sánchez es de obligada visión y difusión. En él diversos especialistas y artistas nos dejan reflexiones de calado y nos facilitan que esa maraña de datos tras la cual se ocultan los dueños de nuestros medios parezca un poco menos tupida. Es necesario que este documental llegue a los jóvenes, a las aulas, a docentes y discentes, que los conciencie y haga que las autoridades y el pueblo en permanente diálogo constructivo sepan a qué enemigo se enfrentan. Porque no está afuera, está muy dentro. Tan dentro de nuestras fronteras que ya ha invadido nuestras casas, sus hogares, con una sonrisa y se ha colado incluso en nuestras espacios más íntimos.

En un país como Cuba donde ya 4,2 millones de habitantes de una población de poco más de 11 millones tiene acceso a Internet,[5] cada vez más los problemas anteriormente apuntados requerirán una respuesta lo más inteligente y contundente posible para enfrentar sus efectos adversos (luego pasaremos a enumerar los positivos que todos conocemos pero rara vez verbalizamos). Estos efectos hostiles, si ya son negativos en los lugares donde son los capitalistas los que controlan el país de un modo directo a través de su economía (como por ejemplo en España donde solo el 13,51% de los trabajadores activos están contratados por el Estado)[6] o indirecto mediante sus representantes políticos pagados por grandes capitales que permiten y dan la luz verde a la aparición de sus rostros en los medios de comunicación de su propiedad y por tanto sustentan la partidocracia entre la población; estos mismos efectos negativos pueden ser desastrosos para un país donde la mayoría de su dirigencia política quiere caminar hacia la construcción del socialismo y la mayor parte de trabajadores labora para el Estado. Un país de 11 millones de habitantes que sufre un embargo de más de 60 años de parte de un desagradable vecino de 330 millones que de modo mafioso penaliza a cualquier país del mundo que quiera comerciar con Cuba, un enemigo que pese a su lento pero inexorable declive todavía es la mayor potencia militar del planeta y el segundo país con mayor producto interior bruto del mundo.[7] Nadie querría tener un vecino así.

“(…) Hoy tenemos que preguntarnos quién controla la tecnología que nos tiene pasando tanto tiempo de nuestras vidas frente a esas pantallas”.

Así pues, ¿qué efectos tendrá sobre la conciencia de millones la exposición continua a estas redes y sus algoritmos controlados por la clase dirigente estadounidense que está deseando que Cuba abandone la senda de la construcción socialista y se incorpore plenamente a la dictadura capitalista mundial? Dictadura de cuya lógica no se puede, evidentemente, desembarazar por completo por sí solo pues como sugirió con ironía Fidel: Cuba no vive en otro planeta.[8] Por eso mismo, a largo plazo, Cuba necesita la revolución socialista mundial en los países más adelantados en el desarrollo de las fuerzas productivas externas y los revolucionarios de los países capitalistas más desarrollados necesitamos que en Cuba siga existiendo un pueblo con un desarrollo cultural (fuerzas productivas internas al ser humano) tan fuerte como el cubano. Porque con todas sus limitaciones, nos sigue enseñando que otro mundo mucho más humano todavía es posible. ¿Qué ocurriría si como dijo Engels en 1847 en Principios del comunismo la revolución triunfara simultáneamente en los países más desarrollados? ¿Cómo viviríamos todos (incluidos los cubanos) si Estados Unidos, la Unión Europea, la India o Japón fuesen socialistas? No solo ganaríamos en bienestar económico, en desarrollo tecnológico y en intercambio cultural sino también en democracia. Los unos y los otros.

Confieso que tras casi un año del inicio de la pandemia mundial del Covid-19, mientras en mi país capitalista “desarrollado” las víctimas eran mucho mayores cada 100 000 habitantes que en Cuba, con un porcentaje de 2 frente 137 muertos,[9] sentí una envidia buena, de compañeros, de cómo se gestionaba la crisis sanitaria en Cuba. Cómo pese a todas las carencias y los obstáculos se ponía el valor de cada una de las personas por encima del dinero mientras aquí en España con un “supuesto” gobierno “de izquierdas” (PSOE más Unidas Podemos) se intentaba hallar un imposible equilibrio entre economía y salud que siempre acababa desplazándose a la preeminencia del poder del dinero, del capital, sobre la salud de la población. O lo que es lo mismo: libertad para los negocios, muerte para las personas. Y en esas seguimos.

Foto: Tomada de la página oficial de Facebook de La Dictadura del Algoritmo
 

Mientras Cuba tiene una industria farmacéutica pública desarrollada, mi país “desarrollado” esperaba a que otros les vendieran sus vacunas porque aquí la industria farmacéutica ni es pública ni especialmente desarrollada. De hecho, por la competencia de esas farmacéuticas privadas que nos iban a vender sus vacunas y su intención de pugnar por el mercado capitalista mundial ante una pandemia global (sufrimiento humano + capitalismo = pingües beneficios), a quien les escribe le pusieron la primera dosis de dos necesarias de una marca y tras una extraña campaña de desprestigio mediático de la misma en razón a unos efectos secundarios que sufrieron algunas personas; ahora mi gobierno, todavía no sabe si nos pondrá la segunda (prometida) vacuna de la misma empresa privada, de otra o nos dejará solo con la primera y por ende con un nivel de protección inferior frente al virus. Cosas de la anarquía del “libre” mercado y ese capitalismo tan generador de riquezas como destructor de las mismas.

¿Ese es el sistema al que quieren que Cuba se dirija? No quiero pensar cómo quedaría situada Cuba si en un futuro próximo abrazara ese capitalismo internacional, si los habitantes de España con cuatro veces su población y 14 veces su PIB vivimos como vivimos (1 de cada 3 niños pobres).[10] ¿Cuál sería el destino de la mayoría de los cubanos? Sin duda alguna, unos pocos bien situados, se harían más ricos (si entendemos tan pobremente la riqueza como para igualarla a la cantidad de dinero que posea cada sujeto, ya saben, aquella mercancía con la que todas las demás se compran y suele acabar colonizando la mente de su poseedor), pero (repito), ¿cuál sería del destino de la mayoría de los cubanos? ¿Y cuál el de la cultura que hoy se promueve desde las instancias públicas? Yo se lo adelanto: sería barrida. En España, uno de cada cinco niños de 9 a 12 años no sabe que la capital de su país se llama Madrid.[11]

Si Cuba no se defiende produciendo unos contenidos que pugnen contra la industria cultural capitalista que les acecha desde la intimidad de sus hogares, estará perdida. Absolutamente perdida. Y nosotros en nuestro mundo capitalista más desarrollado estaríamos más perdidos sin su ejemplo de lucha y resistencia humanista. Y para ello de nada sirve la censura, es imposible porque solo hace más apetecible el producto prohibido que será obtenido sin grandes problemas en el mercado negro o con los contactos con los familiares emigrados a Estados Unidos o a Europa. No se le pueden poner puertas al mar. Además de que quien les escribe, quitando casos extremos que ponen en peligro la integridad de las personas, está en contra de toda censura del florecimiento que supone la libertad individual para una sociedad que camina la senda del socialismo. La mejor sociedad la construyen en armonía la suma de sus mejores individualidades. Solo desde el convencimiento se conquistan las mentes y los corazones, no mediante imposiciones legales que, a veces, hipócritamente son infringidas por los mismos que las promulgan y permiten el florecimiento de mafias y mercados negros. ¿Alguien se acuerda de Al Capone y la Ley Seca o cómo el mercado negro y sus mercaderes acabaron tragándose a la URSS? ¿Acaso Cuba está inmunizada a que no le afecten ninguno de estos males que algunos revolucionarios valientemente han denunciado y acertadamente designado a sus autores como “pichones de oligarcas”? [12] Habrá que estar muy atento, porque los malos pájaros, si se les deja, crecerán deprisa y volarán muy alto.

“Si Cuba no se defiende produciendo unos contenidos que pugnen contra la industria cultural capitalista que les acecha desde la intimidad de sus hogares, estará perdida (…)”.

La dictadura del algoritmo capitalista que rige las redes sociales y las industrias culturales donde cada vez más jóvenes cubanos se sociabilizan, no es solo peligrosa para ellos sino también para sus padres y los propios dirigentes. El Coronel del Ejército de Tierra y Diplomado del Estado Mayor Pedro Baños, experto español de contrainteligencia en la reserva, comenta cómo una parte de los líderes soviéticos fueron seducidos por los cantos de sirena capitalistas mediante series norteamericanas tan nimias como Falcon Crest (1981/1990). El “efecto Falcon Crest” demuestra, según el Coronel Baños, “que nadie escapa al influjo de lo que ve en los medios de comunicación”.[13] Cuando uno está cansado de pisar la tierra que siempre ha pisado, del duro sabor a la realidad y desde el cielo le ofrecen un sabroso fruto que promete librarle de todos sus problemas bajo una atractiva forma es fácil tirar la toalla. Imagínese que en un combate de boxeo, el púgil duramente golpeado con dificultades de levantarse fuera tentado por una atractiva mujer que le dijera: no te levantes, deja que pase el tiempo que después yo te llevaré a casa, te cuidaré y te daré mimos. ¿Cuántos boxeadores no hubiesen colgado los guantes?

La solución no es taparnos los ojos y no ver las pantallas, porque esa tecnología también nos trae oportunidades maravillosas: la posibilidad de contactar y acercarnos a personas de diferentes países enriqueciendo nuestro conocimiento de este planeta que todos compartimos, la disponibilidad de leer una cantidad de libros que antes no estaban ni en la mayor biblioteca del mundo, de disfrutar música y arte, de compartirla, de aprender a tocar un instrumento o a manejar un programa de ordenador o incluso reparar el motor de un coche averiado. Por eso Marx afirmaba que la misión histórica del mercado capitalista era poner a todos los seres humanos del globo en mutua interdependencia.

Foto: Tomada de la página oficial de Facebook de La Dictadura del Algoritmo
 

¿Cuántas cosas no podemos aprender si nosotros controlamos a la máquina y no somos controlados por su algoritmo? Pero hay un problema: no podemos conformarnos con pedir a la mayoría de la población esa capacidad de autocontrol. No es cómodo tener que estar constantemente luchando contra el algoritmo y los productos, los sonidos o las imágenes con las que nos tienta. Sería una quimera. Esa guerra cultural, política, la perderíamos. Hemos de ir un paso más allá. Hemos de construir una industria cultural contrahegemónica, socialista, internacional que cree contenidos tanto o más atractivos que los que la industria cultural hegemónica del capital nos ofrece. Pero que lo haga promoviendo la cultura, el humanismo y la fraternidad entre los pueblos. Llevo más de 5 años pidiéndolo y el documental de Javier Gómez Sánchez me ha vuelto a recordar su imperiosa necesidad.[14]

Es la única posibilidad de que mañana el mundo sea socialista y no más bárbaro de lo que es hoy. Es la única posibilidad de que en Cuba el capital no vaya ganando espacio en la economía y en los sueños de sus habitantes. Y para construir esa industria cultural “del bien” necesitaremos muchos recursos, mucha unión y visión internacionalista. Cuba no puede enfrentarse a YouTube. Cuba perderá frente a YouTube. Es honesto reconocerlo. Perderá si no hacemos nada. Los algoritmos promoverán los contenidos contra el gobierno cubano, exagerarán sus fallas y se inventarán otras que jamás haya cometido. Lo bueno no aparecerá más que a los ya convencidos. Pero a convencidos y no convencidos les aparecerá todo lo malo (lo inventado, lo real y lo exagerado). Y eso día tras día hace mella. Desgasta, multiplica la duda, debilita, hace que colguemos los guantes.

Para construir esa Industria Cultural Contrahegemónica, Cuba necesita al mundo y el mundo a Cuba. Sincera y humildemente creo que el gobierno cubano debería contactar con todos los gobiernos del mundo que estén interesados en apoyar esta industria cultural como hizo con los medios con Telesur (pero aprendiendo de los errores). Debe crear esa industria con todos los gobiernos y las organizaciones internacionales que compartan un mínimo común múltiplo de humanismo, respeto a la vida, la fraternidad, la solidaridad y luche contra la otra industria del beneficio privado. Pero para hacerlo tiene que proponerlo, realizando un esfuerzo económico proporcional según la riqueza de cada país y los miembros de las organizaciones socialistas y comunistas internacionales que la apoyen. Con los recursos intelectuales y materiales de Cuba, por muchos que sean los primeros en relación a sus habitantes, no bastará.

Foto: Tomada de la página oficial de Facebook de La Dictadura del Algoritmo
 

Eso sí, y esto es muy importante: esta industria contrahegemónica no puede transformarse en un instrumento de propaganda sin más. Si lo hace, fracasará. No puede no dejar espacio para la autocrítica y la crítica de los pueblos a sus gobiernos, porque si ellos no fomentan la crítica el pueblo la buscará en los medios y la cultura del capital. Es clave retener esto. Los revolucionarios no pueden ocultar la verdad aunque duela porque la verdad siempre es revolucionaria. Y por eso esa industria cultural debe ser un lugar donde haya espacio para el debate y se pueda cuestionar lo que hace desde el presidente de la República al Papa o el presidente de un país amigo. Todo desde el respeto y la educación. Pero si no hay espacio para la crítica, las estructuras se esclerotizan y acaban estallando (Rumanía) o colapsando (la URSS). Y no basta con hacerla en los lugares adecuados, a veces es necesario hacerla públicamente y darle la voz a un pueblo del cual no nos podemos divorciar so pena de que tarde o temprano nos abandone.

“(…) Los revolucionarios no pueden ocultar la verdad aunque duela porque la verdad siempre es revolucionaria (…)”.

Así que, además de fomentar todo lo que intenta destruir la industria del capital y los algoritmos a su servicio, esta nueva industria cultural transnacional que hemos de construir debe permitir e incluso fomentar la sana autocrítica. No para fomentar una lucha cainita sino para demostrar que somos capaces de construir juntos siendo críticos los unos con los otros y de este modo ir superando nuestros errores. Dicen que los buenos amigos se dicen la verdad. Lo fácil es ocultarla y evitar el conflicto. Mis mejores amigos siempre me han dicho cuándo ellos han considerado que he hecho algo mal y yo he sabido valorar su consejo, estuviera de acuerdo o no, como un ejemplo de amistad, de fidelidad, de amor. Nadie que no sea tu enemigo y te quiera, callará si ve que estás haciendo algo que considera erróneo, que te puede dañar. Nadie que te ame lo hará a no ser que sea un cobarde o un cínico.

El pueblo cubano y el resto del mundo socialista, comunista, tienen dos opciones: o que el algoritmo de YouTube y las otras redes del capital poco a poco o mucho a mucho los venzan o hacer nuestro propio YouTube, nuestro propio Facebook y que su algoritmo venza a los que ahora claman victoria. Que libremente los pueblos del mundo decidan si prefieren sus contenidos humanistas, socialistas, a los otros.

La decisión es sencilla, su aplicación requerirá de gran determinación, muchas conversaciones y muchos esfuerzos además de una gran celeridad. Cada día que pasa es un día perdido para la causa. Quien les escribe es profesor y youtuber marxista y lo sabe. Tengo un canal de YouTube desde el que intento difundir desde hace un año de un modo divertido, divulgativo, el pensamiento marxista. Pese a mis 39 años, la mayor parte de mi público tiene entre 25 y 34 años aunque hay un importante porcentaje de entre 15 y 24 años, lo que me hace muy feliz. Sin embargo, como no entro en el juego capitalista de YouTube de monetizar mis vídeos para transformar la atención de mis espectadores en mercancías que YouTube pueda vender a los anunciantes, YouTube promueve menos mis vídeos. Mientras tanto los youtubers de derecha se ven propulsados hasta alcanzar la vista de todos sus usuarios: tanto de izquierda como de derecha. Los míos no. El algoritmo de YouTube me ignora. ¿Por qué le caigo mal? No, el algoritmo no tiene personalidad, simplemente al “pobre” lo han programado así.

Algún lector de buena voluntad podría decirme, Jon, no sea usted tan intransigente y monetice sus vídeos. Hágalo por la causa. Al fin y al cabo usted está haciendo un trabajo no remunerado del que YouTube se aprovecha para capturar público que ya recibirá publicidad en otros canales que sí se moneticen y el algoritmo los redirija tras acabar de ver unos de sus vídeos. Claro, además, según YouTube el algoritmo dirigirá a mis espectadores a un contenido similar que les pueda interesar. Por supuesto, esta es la teoría, muy bonita. ¿Sabe cuál es la realidad? La realidad es que en mi canal tengo un programa llamado “Tu YouTuber Marxista” que como podrá imaginar no se dedica a hablar de lo maravilloso que es el capitalismo y curiosamente ya son muchos los que me han dicho (y yo mismo lo he vivido) que al acabar de ver uno de mis vídeos, han reportado que el algoritmo “celestial” e “inmaculado” de YouTube les ha iniciado la reproducción de uno de los vídeos del periodista y escritor anticomunista español Federico Jiménez Losantos, conocido por escribir libros con nula rigurosidad histórica donde poco menos que compara a Marx y el resto de comunistas con sedientos asesinos en serie. Ya saben, “contenido similar”, según YouTube.

A ese mismo lector de buena voluntad, también le podría decir que si monetizara mis vídeos y pusiera la palabra “capitalismo” en uno de ellos, YouTube me pagaría menos porque los anunciantes (capitalistas) huyen de esos contenidos. Y YouTube, evidentemente, se lo pondría menos a su público porque ellos no recibirían el dinero de los anunciantes. ¿Y cómo voy a criticar al capitalismo sin nombrarlo? Y así con muchas palabras más. Por tanto, nadie puede ganar a YouTube desde YouTube, con sus reglas. Sería igual que si alguien quisiera hacer la revolución socialista jugando al Monopoly. No, no están diseñados para eso sino para lo contrario.[15] Por eso necesitamos nuestros propios medios y nuestra industria cultural.

¿Sabía que tras acabar la II Guerra Mundial la mayoría de los franceses pensaba que la clave de la victoria contra el III Reich de Hitler había sido de la URSS y que ahora en el siglo XXI piensan, tras cientos de películas hollywoodienses que sobrescriben la historia mundial en las mentes de generaciones y generaciones, que el papel clave fue el de Estados Unidos? De hecho, una parte importante de la gente joven, más allá de sus miserias (que sin duda las tuvo y no en grado menor) piensan que la URSS, los soviéticos y los nazis eran aliados y que incluso su ideología no solo era muy parecida sino prácticamente calcada. Una alumna de preuniversitario (en España, bachillerato) me aseguró en una clase que los nazis eran de “izquierdas”. A esto hemos llegado. Y el camino hacia el infierno de la ignorancia supina es infinito.

“(…) Industria cultural transnacional y contrahegemónica o barbarie (…)”.

Quizás dentro de unas décadas la mayoría de los cubaos piensen que Fidel, el Che y Raúl eran en realidad unos ambiciosos capitalistas que montaron una guerrilla para quedarse con todo el terreno cultivable de Cuba y venderle azúcar a los terratenientes colombianos, a cambio de cocaína con la que evitaban que la población se rebelase. Sumado a ello en realidad la invasión de Bahía Cochinos podría acabar siendo una iniciativa del bueno de Kennedy para restaurar la democracia de la que gozaban los cubanos con Batista, y su propio asesinato en Dallas, seguramente ordenado por Fidel a algún francotirador “castrista”. O quizás por Lenin, o Marx, ¿quién sabe? Puede que en la futura NeoHistoria, controlada por sus fuentes y sus algoritmos, en 1964 todavía siguieran vivos.

Todo es posible cuando la memoria se impone y la cultura se apaga, cuando las pantallas se encienden y los libros se cierran, cuando el algoritmo controla nuestras vidas y nuestra voluntad se entierra. De nosotros dependerá vencer al algoritmo del capital o hacernos sus súbditos. Industria cultural transnacional y contrahegemónica o barbarie. Palabra de profesor, palabra de youtuber, palabra de revolucionario.

 

 

Notas:
[1] CIA. The CIA World Factbook (2020). Estados Unidos (no se especifica la ciudad): Carlile Intelligence Library. Volumen III, p. 206.
[2] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019].
[3] Las relaciones de producción.
[4] Tras que Marx escribiera este prólogo vimos que las clases dominantes aprendieron la lección y aprendieron a hacer revoluciones desde arriba como la Meiji en Japón (iniciada en 1868) para evitar las revoluciones desde abajo, mucho más peligrosas para sus intereses.
[5] Datos del documental referido y del censo oficial del gobierno cubano.
[6] 13,1 de la clase trabajadora activa, 11,35 de la clase trabajadora incluida la no activa que consta como que está buscando empleo activamente (hay otra parte de la clase trabajadora que no está registrada por ser paro estructural de larga duración o lumpen, datos cruzados de la presidencia del gobierno español y el INE (Instituto Nacional de Estadística, partiendo de la población activa y en paro en el primer trimestre de 2021 y el número de empleados públicos facilitado en nota de prensa oficial el 14 de febrero en la web de la presidencia del gobierno de España).
[7] Desde 2014 según el propio FMI.
[8] Declaraciones efectuadas en el documental Looking for Fidel que Fidel Castro grabó junto al cineasta estadounidense Oliver Stone, producido por la productora española Morena Films. Las palabras de Fidel fueron: “Estados Unidos nos bloquea, todos los socios de Estados Unidos. Entonces, yo le preguntaría a Estados Unidos, ¿con qué planeta y con qué país vamos a comerciar?” ante la pregunta de Stone de por qué comerciaban con países con gobiernos como el de Irán.
[9] Datos de la Universidad John Hopkins de Maryland, en febrero de 2021.
[10] Datos del Banco Mundial y el Eurostat (de la Unión Europea, respecto a la llamada tasa AROPE sobre riesgo de pobreza y exclusión social.
[11] Illescas, Jon E. (2020), Educación Tóxica. El imperio de las pantallas y la música dominante en niños y adolescentes. Barcelona: El Viejo Topo [2019], p.69.
[12] Sánchez, Iroel (2019), Cuba frente al buen vecino. Entre el contrato y la herejía. La Habana: Ediciones Abril, pp. 53-59.
[13] Baños, Pedro (2020), El domino mental. La geopolítica de la mente. Ariel: Barcelona, p.31.
[14] Illescas, Jon E. (2018, 3ª ed.), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo [2015].
[15] Por eso el profesor Bertell Ollman inventó en los setenta un juego de mesas que fue un éxito en Estados Unidos llamado “Lucha de clases”, la antítesis del “Monopoly”, pero desgraciadamente, ¿adivinen qué? Pese a vender mucho el mercado capitalista y sus empresarios desde sus diferentes resortes de poder acabaron quebrando la empresa del bueno del profesor Ollman y sus socios y comprando su juego que pronto dejó de comercializarse.