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sábado, 19 de diciembre de 2009

Nuevo trabajo de Jon sobre los intereses de todos los distintos medios de comunicación, el marxismo y América Latina



Sé que hace mucho que no escribo y algunxs me lo habéis recordado por correo. Han sido un cúmulo de acontecimientos personales y laborales, podéis estar seguros que me ha sabido muy mal no poder hacerlo. Dentro de poco, os colocaré aquí una sorpresa, pero mientras tanto os publico un trabajo que hice este verano para el primer curso de doctorado. Salió en exclusiva para Argenpress Cultural y en algún sitio lo engancharon.


Trata sobre la corriente marxista de crítica a los medios de comunicación y su validez como herramienta útil para desentrañar las mentiras de estos. Evidentemente esto sería muy típico y aunque necesarios estos ejercicios (caso paradigmático de Pascual Serrano), creo que debía aportar otra visión complementaria, no sólo de crítica a los medios capitalistas sino otras formas que nos pueden interesar más para construir en positivo.

Os lo voy a colocar el trabajo íntegro, pero los que no os interese mucho el tema académico os aconsejo que vayáis directamente al epígrafe 4 que habla de los casos prácticos de Bolivia y Venezuela. Me llevó bastante tiempo la investigación y creo que puede resultar interesante para abrir debate sobre cómo deberían ser los medios en una sociedad socialista. En el cinco tenéis el epílogo.

Saludos a todxs y espero vuestras opiniones.

Lo podéis descargar aquí en PDF:

El decurso y la vigencia del marxismo en la teoría crítica de la comunicación

jueves, 22 de enero de 2009

Palestina: El delito de existir


Fotografía: Diego.78 (FlickR)

Autor del artículo: Santiago Alba Rico

Fuente: Diagonal


Prometida en 1917 a los judíos por Inglaterra, y no por Dios, las potencias coloniales occidentales entregaron Palestina con todos sus habitantes, 30 años después, a una pequeña secta hebrea europea para que gestionara sus intereses en Oriente Próximo. Desde entonces, EEUU, la UE, los gobiernos árabes ancilares –con la valiosísima ayuda de la prensa y la televisión- vienen concediendo medios y autorización al sionismo para administrar libremente el dolor de la población nativa y planificar a voluntad su linchamiento minucioso: expulsiones, masacres, limpieza étnica, destrucción de casas, asedio medieval por hambre, prisión, tortura, muros, bombardeos, Israel prolonga voluptuosamente un genocidio homeopático al que ha sucumbido ya la autoridad jurídica y moral de las NNUU. Desde el principio Israel, que nunca pensó compartir el territorio palestino con sus legítimos propietarios, osciló entre la tentación de la “solución final” y la conservación de una reducida reserva nativa para uso al mismo tiempo ideológico y económico. En el ámbito internacional, el asesinato de palestinos legitima a Israel, que debe conservar algunos con vida para seguir matándolos y embelleciéndose; en el orden interno, el voto democrático de los israelíes recompensa la oferta en cadáveres palestinos de los candidatos; en términos económicos, Israel depende hoy más que nunca del lucrativo negocio de la guerra y la seguridad. A veces cuesta reprimirse, pero el pragmatismo impone matar a los palestinos poco a poco; y a nosotros nos exige admirar y aplaudir a Israel por su disciplina y magnanimidad.

A los nazis nadie los comparaba con los nazis: bastaba con llamarlos asesinos. En todo caso, lo que parece que inhabilita la comparación es el hecho de que los israelíes matan palestinos y no europeos, mientras que el horror inigualable del nazismo consistió –como bien explicaba Simone Weil- en que el III Reich hizo con nosotros lo mismo que nosotros habíamos hecho siempre con los pueblos colonizados. El linchamiento de Gaza parece perfectamente compatible con la afirmación de nuestros valores superiores. Cuando se linchaban negros en los EEUU, y las fotografías de sus cadáveres se enviaban como felicitaciones de cumpleaños o de Navidad, lo que habían hecho –y que justificaba su ahorcamiento sin juicio- resplandecía amenazador en lo que eran. Así ocurre con los palestinos. La agresión palestina a Israel es ontológicamente anterior a la ocupación sionista, es lo primero de todo: es sencillamente su existencia. Sus gemidos son “fanáticos”, su llanto “antisemita”, su rabia –claro- “terrorista”. Sólo en este sentido puede decirse que los bombardeos de Gaza son “desproporcionados”, porque son en efecto una respuesta anticipada y una respuesta todavía insuficiente a la existencia desnuda de los palestinos; frente a esta amenaza total e irreductible lo único “proporcional” sería el asesinato de 1 millón, de 4 millones, de 8 millones de palestinos. Israel, una vez más, se contiene y nosotros se lo agradecemos.

Desapareció la URRS y todos aplaudimos. Desapareció Yugoslavia y nos alegramos. Han desaparecido decenas de países -Checoslovaquia y Rhodesia y la Sudáfrica racista entre otros- y no ha ocurrido nada. ¿Por qué habría de ser criminal ahora reclamar la desaparición de un Estado criminal? No nos engañemos: la única solución al problema israelí, que amenaza la paz mundial, es la disolución del Estado de Israel. Demos luego libertad a los refugiados palestinos para volver a Palestina y libertad a los judíos exisraelíes para volver a sus países de origen y que a continuación la población restante funde un nuevo Estado laico, democrático y socialista. Se dirá que esta solución no es realista. Pero ¿fue realista la partición? ¿Fue realista la resolución 242 de la ONU? ¿Fueron realistas los claudicantes acuerdos de Oslo? ¿La Hoja de Ruta? ¿Anápolis? ¿La solución de los dos Estados? ¿La democratización ejemplar de Palestina? Los palestinos tendrán que ser aún más realistas si quieren ser aceptados por la comunidad internacional: tendrán que dejar de defenderse, tendrán que dejar de gritar, tendrán que dejar de llorar, tendrán que dejar de respirar. Si los límites del realismo los dicta Israel, y los avalan EEUU, la UE y los gobiernos árabes ancilares, no hay para los palestinos ninguna esperanza. Pero si realismo es igual a genocidio, si realismo es igual a injusticia radical y crimen ininterrumpido, si realismo significa tirar a la basura definitivamente el derecho internacional, los DDHH y la civilización más elemental, si realismo quiere decir desaparición sin esperanza del pueblo palestino, entonces los palestinos tienen todo el no-derecho del mundo –a fin de existir un minuto más o sencillamente para vengarse- de utilizar también todos los medios e incluso de matarle a usted y de matarme a mí, que no hemos hecho nada para impedir que Israel ponga a la humanidad entera fuera de sí misma y que hemos perdido de esa forma al derecho a protestar, escandalizarnos y moralizar. La palabra Holocausto –sacrificio total- encaja bastante bien en lo que Israel, EEUU, la UE y los gobiernos árabes ancilares le están haciendo a todo el mundo.