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miércoles, 21 de octubre de 2020

Tu YouTuber Marxista: Materialismo histórico. Una introducción (Capítulo 6)

Nuevo capítulo donde realizo una introducción posible, pero todavía no suficiente, del materialismo histórico: una de las expresiones analíticas fundamentales del marxismo, junto a la crítica de la economía política burguesa.

 


Enlace al vídeo:

https://www.youtube.com/watch?v=IHJlerbW5LI

jueves, 21 de mayo de 2015

Pescadores de futuro (Posicionamiento electoral ante el 24M)






Dicen que la mente funciona por asociaciones. Al saber que Cayo volvería a Torrevieja recordé la figura de Cayo Graco, tribuno que defendió a los sectores populares en la Antigua Roma. Pero al acordarme de Roma, mi mente se inundó de escenas de una inolvidable película protagonizaba por Kirk Douglas. Efectivamente, estoy hablando de Espartaco, el gladiador que junto a otros esclavos se rebeló contra la esclavitud. En la historia real la rebelión duró dos años en los que derrotaron al ejército romano en seis ocasiones. A la séptima fueron vencidos y miles de rebeldes fueron crucificados públicamente para que a ningún esclavo más se le ocurriera rebelarse. Entonces, ¿toda aquella lucha no sirvió para nada? Al contrario, por miedo a otras rebeliones la clase dirigente permitió avances. Se produjeron reformas legales que mejoraron la durísima vida de los esclavos. Pero, ¿por qué estos avances nos saben a tan poco? ¡Porque seguían siendo esclavos! Y hoy la esclavitud, con razón, nos parece una brutalidad.


En la actualidad  los que trabajamos ya no somos esclavos de nuestros jefes… ¡bueno!, entiéndase, al menos no somos parte de su propiedad como una silla, un coche o un perro. No nos pueden vender, pero siguen viviendo de nuestro esfuerzo y la sociedad sigue dividida en clases: ahora capitalistas contra trabajadores. Pues igual que  hoy a la inmensa mayoría nos parece una brutalidad la vida de un esclavo del mundo antiguo,  en un futuro nos parecerá una brutalidad la vida de los trabajadores en el mundo actual. Los humanos del futuro estudiarán horrorizados cómo nos quedamos sin trabajo, sin casa, sin comida, sin acceso a la educación o a la sanidad por garantizar los beneficios de las empresas y los bancos de una clase. Afortunadamente no hace falta visitar ese futuro más evolucionado para horrorizarse. A algunos ya nos parece una salvajada y por eso estamos aquí reunidos. ¿Servirá de algo nuestra rebeldía en un presente bárbaro? Por supuesto, los logros del futuro, en nuestra vida o en la sociedad, se construyen con los peldaños que subimos cada día.


Nosotros no somos, o no deberíamos ser, como otros partidos de reciente y mediática creación que venden esperanzas como las empresas venden sus productos en televisión. Les ponen nuevo envoltorio y dicen “vóteme porque soy más joven y fresco, vóteme y se acabarán sus problemas”. No. Nosotros sabemos que mientras exista el capitalismo seguirán existiendo crisis, paro, hambre, guerras y el resto de injusticias que todos conocemos. Podrán cambiar las caras de los multimillonarios o la de aquellos políticos que obedientemente les sirven,  pero seguirán existiendo clases. La ley seguirá sonriendo a quien tenga más dinero.  El teatro de nuestra sociedad seguirá llamándose capitalismo y por eso cada día los asalariados irán a trabajar sin saber si el próximo mes conservarán su puesto en la empresa, si el jefe les hablará mal, si tendrán que hacer horas extras o si podrán tomarse las vacaciones que las leyes aseguran garantizarles. En definitiva, seguirá existiendo la explotación de los trabajadores por el conjunto de la clase dominante. Seguirán contando más los beneficios de unos pocos que el bienestar de la mayoría. Y eso no lo cambiará un voto. Ni por Izquierda Unida ni por nadie. 


Sólo cambiará cuando la mayoría deje de votar a los que venden humo prometiéndonos una vida digna dentro de un sistema explotador. Del mismo modo que no se puede gestionar el esclavismo para que los esclavos sean libres, no se puede gestionar el capitalismo para que las empresas no aplasten los derechos de la mayoría cuando éstos pongan en riesgo sus beneficios. Votar a los compañeros de Izquierda Unida es un paso necesario de los muchos que debemos dar para construir una sociedad superior. Pero el único modo de que las cosas cambien de verdad es que construyamos una sociedad sin clases, donde el trabajo y sus frutos se repartan entre todos, donde la tecnología sirva para reducir la jornada laboral y donde la democracia no sea una extraña que nos visita una vez cada cuatro años. Ese futuro se llama socialismo y lo sepamos o no, lo construimos desde las luchas del presente, como los esclavos o los siervos rebeldes construyeron lo mejor de nuestra sociedad con sus esfuerzos del pasado. 


Torrevieja ha sido tradicionalmente una tierra de pescadores, de trabajadores de la mar que dejaban el calor de sus hogares para faenar y traer el sustento a casa. Hoy hay menos pescadores pero siguen existiendo más trabajadores que señoritos. Todos trabajan duro para sobrevivir con sus familias: camareros, dependientas, transportistas, limpiadores, profesoras,  autónomos, pequeños empresarios y un largo etcétera. Sin embargo, cuando llegan las elecciones Torrevieja se vuelve de nuevo un pueblo de pescadores. Muchos quieren pescar votos y otros pocos quieren pescar futuros pescadores para que a nadie le falten peces. Los que pescan votos, votos comerán y otros les darán su vil sustento a cambio del engaño colectivo. Los que enseñan a pescar peces serán los más queridos por el pueblo.


El futuro socialista no es una utopía sino un proceso en construcción que se acerca cuando trabajamos para que cada vez más personas entiendan su necesidad, la compartan y lo traigan al presente. Cuando salimos a faenar por ese futuro, me gusta saber que voy en un barco lleno de pescadores que luchan por arribar a una orilla mejor. Así ha avanzado la humanidad durante siglos. No hay atajos, sólo ilusión y esfuerzo. No os dejéis engañar por nadie, porque sólo de nuestro trabajo de concienciación e implicación política podemos esperar frutos. No esperéis que nadie os resuelva la papeleta invitándoos  a que metáis la suya en la urna. Sois trabajadores, os pasáis la vida trabajando para otros, no sed ingenuos. ¿Acaso los empresarios hacen vuestro trabajo en la empresa? ¿Por qué lo van a hacer desde la política? Trabajad por vuestros sueños y no olvidad quiénes son vuestros compañeros de viaje. Aquí  me siento entre compañeros. Por eso este domingo y cualquiera que venga no votaré por nadie que no lo sea, no votaré por nadie que no represente a la clase trabajadora. No queremos votos ni peces para que unos pocos sigan engordando con nuestro sacrificio. Queremos trabajadores y trabajadoras concienciados, pescadores de futuro. El domingo sólo es un puerto más de un largo viaje, pero cada puerto cuenta para llegar a nuestro destino.



* El presente artículo fue la reflexión que realicé al inicio del acto central de campaña en Torrevieja, con la visita de Cayo Lara al municipio el 20 de mayo de 2015. En el mitin intervinieron también los siguientes compañeros: Marga Sanz (Coordinadora de Esquerra Unida País Valencià), Víctor Ferrández (Coordinador de Izquierda Unida Torrevieja y candidato a la alcaldía) y Esther Barceló (cabeza de lista de EUPV por la circunscripción de Alicante).


** Jon Juanma es el seudónimo artístico de Jon E. Illescas Martínez, Licenciado en Bellas Artes y Doctor en Sociología y Comunicación. Correo: jonjuanma@gmail.com Blog: http://jonjuanma.blogspot.com.es/

martes, 28 de abril de 2015

Gramsci y la nueva civilización





Reflexiones sobre marxismo y cristianismo
Jon E.  Illescas (Jon Juanma)*

El 27 de abril de 1937, en Roma, se apagó la llama de uno de los marxistas más lúcidos del siglo XX. El que fuera máximo responsable del Partido Comunista de Italia abandonó este a veces árido e ingrato mundo, después de una década de reclusión en las cárceles de Mussolini. Sin embargo, pese a su partida, nos dejó una serie de reflexiones políticas de incalculable valor que todavía nos pueden iluminar en la oscuridad de nuestro planeta. El conjunto de apuntes y reflexiones que escribió durante el tiempo en que fue preso del fascismo se conocen como los Cuadernos de las Cárcel, obra magna del pensamiento político contemporáneo.

Antonio Gramsci fue un dirigente comunista atípico. En primer lugar porque aunque era fiel al principio del marxismo por el cual la estructura de la sociedad está determinada por su base económica (esto es, fuertemente condicionada por el conjunto de las relaciones de producción en diálogo con las fuerzas productivas), también fue uno de los primeros en otorgarle gran importancia al estudio de la cultura como retroalimentación necesaria de aquella. Y en segundo lugar porque dentro de la cultura prestó mucha atención a la religión cristiana, tanto en su vertiente católica como protestante. Lo que para la mayoría de los marxistas era simplemente parte del conjunto de la superestructura, que se derrumbaría con el fin del capitalismo, para Gramsci era un fenómeno más complejo del cual se podía aprender para construir una sociedad donde los ser humanos no explotaran a sus iguales.

Esto era así porque Gramsci, pese a su ateísmo, entendía que para construir una sociedad sin clases no bastaba con colectivizar la economía. El movimiento comunista necesitaría no sólo un programa económico con el que superar el régimen social basado en la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado, sino que también precisaría de una reforma moral e intelectual. Con ella, la clase obrera podría crear una cultura contrahegemónica a la burguesa dominante y así guiar al resto de sectores populares hacia la toma del poder. Una vez en él la nueva cultura se convertiría en hegemónica y la sociedad civil se transformaría paulatinamente en un organismo autorregulado donde la coerción estatal fuera crecientemente innecesaria. Gramsci pensaba que esta cultura liberadora sería el materialismo histórico, también designado como filosofía de la praxis. 

El cristianismo emancipatorio, comprometido con la realidad y la lucha contra las injusticias de su tiempo, puede aprender mucho de las reflexiones gramscianas. Puede y debe ser parte de esta reforma moral e intelectual que lleve a la sociedad a desprenderse de las opresivas cadenas del capitalismo. Un sistema social internacional que con su búsqueda incesante de beneficios produce en los sujetos una cultura individualista, consumista y posesiva que corroe las posibilidades de una vida cristiana. 

Sin embargo, pese a sus lúcidas reflexiones, Gramsci  no sólo estaba preso por los barrotes de la cárcel sino también por ciertas rígidas concepciones de la III Internacional. Por esa razón, aunque organizativamente observaba a la religión como un modelo del que aprender para popularizar la nueva cultura, la seguía caracterizando como un obstáculo para la emancipación humana. Así partiendo de Gramsci, debemos ir más allá de sus limitaciones, y entender que en realidad, los cristianos pueden aprender mucho de la crítica marxista al capitalismo y los marxistas (y otros anticapitalistas) deben aprender mucho de la genuina praxis cristiana si quieren conocer alguna vez el socialismo. Porque como decía Machado “se hace camino al andar”. Sólo construiremos una nueva y más evolucionada sociedad si comenzamos a cimentarla desde nuestro día a día y no cuando alcancemos el poder. Porque si dejamos esa titánica tarea para después, no habrá cimientos que tras su conquista puedan sostenerla. Para que perdure se precisa de nuevos hombres y mujeres, con nuevas formas de sentir. 

Aquí es donde el cristianismo coherente puede iluminar la senda revolucionaria, desde el amor, la solidaridad y la humildad que guio a Jesús de Nazaret en su praxis liberadora. Su pasión por la verdad y la justicia, su compromiso por la transparencia en el camino, pueden ser un potente antídoto contra la miseria del realismo político que con cinismo posterga la revolución hacia un mañana que no arriba, mientras en las distancias cortas se ufana por conseguir espacios de poder envenenados con la lógica del adversario. Así, dinamitando su moral, con el conocido mantra que reza que el fin justifica los medios, los anticapitalistas destruyen fatalmente la sociedad que pretenden construir desde la misma travesía. No hay nada más marxista que entender los peligros de esta dialéctica negativa, no hay nada más cristiano que ofrecer las herramientas para superarla.

* Jon Juanma es el seudónimo artístico de Jon E. Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes y Doctor en Sociología y Comunicación. 


 
Este artículo fue originalmente escrito para entreParéntesis a finales de abril de 2014. Tiene licencia internacional Creative Commons 4.0 por lo cual se puede compartir siempre que no exista finalidad comercial, se reconozca la autoría y se respete la integridad del texto.