lunes, 27 de febrero de 2017

Los ricos contra Trump y Coca-Cola contra el Pato Donald.

Los ricos contra Trump y Coca-Cola contra el Pato Donald

La élite del capital en mediática disputa 


Al parecer, nadie que merezca el respeto de los respetables apoya a Trump. O eso dicen. Incluso es conocido que antes de su victoria electoral, el mismísimo George W. Bush., otrora paradigma del conservadurismo global, se posicionó contra el sufrido oligarca.1 También durante la campaña, el pobre multimillonario padeció el acoso de la mayoría de los medios masivos.2 Incluso una vez electo presidente, el septuagenario y mediático líder de la nueva derecha “nacionalista-internacional” encontró una inesperada y “temible” adversaria: Madonna, que auguró a la plebe que la adora una revolución “del amor” (es decir, sin expropiaciones).3 Por si fuera poco tener de enemiga a la menos virgen de todas las célebres damiselas de la siempre inmaculada industria del pop, ahora a Trump le ha surgido un nuevo problema con mediáticas curvas: Katy Perry. Así es, porque la también cantante, poseedora de la cuenta con más seguidores de Twitter, no deja de ensañarse con el Tío Gilito de la política mundial.4

Poco importa que la señorita Perry grabara un videoclip propagandístico para el Pentágono con el asesoramiento de los Marines para nutrir de mujeres sus filas o que hiciera diversos conciertos para ayudar a su ejército en sus imperialistas aventuras allende los mares.5 Ahora Perry está “concienciadísima” de querer proteger a los más débiles.6 La multimillonaria estrella del pop ha sido una convencida demócrata de toda la vida, es decir, desde que Obama ganó el Nobel de la Paz y prometió sin cumplir cerrar Guantánamo para siempre. Barak, por su parte, siendo presidente, animaba a los jóvenes a ir a los conciertos de su archiconocida amiga.7


Pero hasta con el primer presidente mulato en retirada de La Casa Blanca, Perry siguió fiel a los candidatos demócratas y no le guardó ningún rencor a Hillary Clinton, su otrora adversaria, a la que apoyó decididamente desde el inicio de su segunda intentona presidencial. Tanto cuando se enfrentó al izquierdista Bernie Sanders por la candidatura demócrata como cuando más tarde tuvo que vérselas con el victorioso vaquero republicano, agente Trump: Donald Trump. En su militancia, Perry, pese a tener unos padres ultraconservadores,8 llegó a grabar un vídeo semidesnuda a favor de Clinton y a prometerle una canción electoral.9 Pero nada de eso bastó para que la mujer de George pudiese continuar con el legado político de Barak: en otras palabras: la política Coca-Cola.

¿Pero en qué consiste esta chispeante y gaseosa praxis política? La política Coca-Cola es el soft power de Joseph Nye o la publicidad corporativa de siempre, que ni la descubrió Naomi Klein con No Logo ni Philip Knight con Nike, sino los asesores de Rockefeller en 1914 (tras una masacre obrera a manos de sicarios del empresario), derramada en la arena política.10 En bruto: a Dios rogando y con el mazo dando. Como Coca-Cola, sirviendo con su mano izquierda anuncios de relajada gente guapa y “enrollada” sonriendo en la playa mientras con la diestra deja a cientos de trabajadores sin empleo, aplasta la disidencia sindical o desobedece sentencias judiciales.11 La praxis Coca-Cola se basa en cometer las mismas fechorías capitalistas e imperialistas de siempre, pero con un halo de santidad “cool” que les hace parecer justo lo contrario de lo que son.

Para los convencidos de esta política del marketing (no, no hablamos de la mayoría de dirigentes de Podemos), Obama, por ser “negro”, era mejor y menos racista que sus predecesores, pese a que expulsó a más inmigrantes que todos los presidentes blancos anteriores.12 Hillary, por el mero hecho de ser mujer (siguiendo el absurdo prisma del posmodernismo todavía hegemónico en la izquierda), debería ser más moderna y sensible que cualquier hombre, pese a que en sus tiempos de Secretaria de Estado se alegraba de un modo ciertamente nada “maternal” del asesinato de sus enemigos políticos.13
Como aventuró Terry Eagleton hace casi veinte años y como ha confirmado recientemente Slavoj Zizek,14 hemos llegado a un punto en el capitalismo que ya ni siquiera es necesario, o cada vez resulta más prescindible, el hecho de otorgarle un rostro humano al fascismo que requiere cualquier sociedad de clases. En este sentido, Trump constituye el principio del fin de la moral pública en la política de masas controladas mediáticamente. Y no puede ser de otro modo viniendo de un hombre que, henchido en un mitin televisado, anunció su apoyo a las torturas en los interrogatorios: “¿Qué si apoyo los ahogamientos simulados? Te puedes apostar el culo a que sí”.15

El patoso Donald, hipercaricaturizado por la prensa “seria”, con su pose de John Wayne, es el inicio del fin de la política Coca-Cola. Es el ocaso del soft power de negros y mujeres travestidos, la extinción de las miradas cándidas y los hollywoodienses discursos para justificar lo injustificable. Trump es, por fin, el soñado héroe mediático del trabajador totalmente alienado por el discurso de aquellos que le oprimen. El presidente estadounidense es como aquel “héroe” de violentas películas de acción que tras masacrar a “los malos”, mientras le contemplan temerosos y moribundos, todavía es capaz de mofarse de ellos con sus propios chascarrillos.

En realidad, Donald Trump y sus mediáticos enemigos no son sino diferentes partes de la élite de la clase dirigente en disputa por controlar la superestructura capitalista actual. Donald y los nuevos protofascistas electos de derecha son los renovados rostros que necesita la lógica del capital en esta época de recortes sin recuperaciones. En este tiempo de capital mundializado y trabajadores nacionales enfrentados, de jornadas extenuantes pese a la robotización acelerada y el paro estructural, de necesarios chivos expiatorios a los que cargar la ira de los aplastados (siempre los otros: los no americanos, los inmigrantes, los musulmanes, etc.). El capital actual necesita a Trump y sus acólitos del mismo modo que el gran capital alemán se sirvió de Hitler poco antes de la II Guerra Mundial en un contexto de crisis económica con inquietantes similitudes con la actual.


Frente al supuesto Pato Donald de la política internacional, Madonna, Katy Perry y el clan Clinton son parte de una élite predestinada a la desaparición por ser disfuncionales para contener las contradicciones sociales que genera el capital hoy día. Por eso serán barridos por los vientos de la historia, del mismo modo que en un futuro no muy lejano, la actual izquierda será expulsada del mapa por ser francamente incapaz de unir y soliviantar a aquellos que son los únicos que pueden revertir la presente situación de creciente barbarie sociopolítica internacional: los trabajadores.

Aquellos a los que todavía no se les oye debido a lo fuerte que resuenan los altavoces de los de siempre en sus taponados y atolondrados oídos. Pero en algún momento se acabará la música de unos y empezará la de otros, del mismo modo que se acabó la de Coca-Cola/Obama/Perry en la política y llegarán las de las nuevas y burbujeantes estrellas protofascistas del pop que apoyarán a Trump. Así las cosas, hay que entender que el gran pecado que la élite “ilustrada” del capital no le perdona a Trump no es que sea racista, chauvinista o imperialista, sino que se está cagando (y disculpen la palabra) sobre el soft power que la industria cultural junto con el gobierno estadounidense cultivaron durante décadas desde el fin de la II Guerra Mundial para garantizar su hegemonía como potencia mundial. Trump y la nueva élite que lo apoya, están destruyendo su obra en cientos de artículos, libros, series de TV, películas, videojuegos o videoclips. Tanta diplomacia cultural, tantos cerebros engullidos, para que ahora venga alguien tan tosco a aguar la fiesta.

Quizás cuando deje de sonar como cool el himno de EUA por la mala imagen del Donald constructor de muros, comience a resultar atractivo el himno de La Internacional o alguno de semejante contenido en las mentes de los sometidos. ¿Nostalgia marxista? Peores cosas se han visto. Quizás en forma de rap o con guitarras eléctricas, pero, ¿quién se esperaba acaso que alguien como Trump se convirtiera en presidente de Estados Unidos hace tan solo ocho años cuando el Yes We Can de Obama sonaba victorioso en los oídos del confundido progresismo mediático globalizado?

No debe resultar sorprendente que los enlatados cantos de sirena de la élite “buena” resuenen por todo el orbe, lo lamentable es que nosotros, en tanto que asalariados, los tarareemos. Lo grave es que nos creamos su propaganda disfrazada de refrescantes anuncios y pegadizos videoclips, que pensemos que el mañana lleno de amor y convivencia multicultural que nos garantizan si apoyamos a “sus buenos” serán posibles en nuestra realidad. Precisamente aquí, en una sociedad-mundo que todavía sin asentarse se resquebraja por doquier debido a la lógica del capital que amenaza con explotar impidiendo la consolidación de los antiguos sueños de emancipación que nos llevaron a lo mejor del presente. Es decir, los sueños de un mañana donde los ciudadanos nacionales, los inmigrantes y los refugiados dejen de serlo para transformarse en lo que ya son pero casi nadie reconoce: trabajadores internacionales. Si lo hacemos bien, esta vez lo serán, lo seremos, de una sociedad-mundo sin clases, sin muros ni fronteras. El único espacio posible donde los Derechos Humanos dejarán de ser papel mojado para, por fin, habitarnos.

El presente artículo fue finalizado el 20 de febrero de 2017 y publicado en el Topo Express. Su reproducción, siempre que sea sin ánimo de lucro, se cite la fuente y la autoría, será libre bajo licencia Creative Commons.
Notas:
  1. Bassets, Marc (2016), “Los Bush dan la espalda a Donald Trump”. En El País, [en línea], 6 de mayo: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/05/estados_unidos/1462472195_378079.html (Consultado el 16/02/2017).
  1. Lo que le valió el apoyo de despistados trabajadores que lo catalogaron de “antisistema”.
  2. Gallón S., Angélica (2017), “Madonna: su furia contra Trump, su revolución del amor y sus ganas de estallar la Casa Blanca”. En Univisión, [en línea], 21 de enero: http://www.univision.com/estilo-de-vida/trending/madonna-su-furia-contra-trump-su-revolucion-del-amor-y-sus-ganas-de-estallar-la-casa-blanca (Consultado el 20/02/2017).
  1. Katy Perry, con más de 95 millones de seguidores, es la cuenta más popular del mundo en Twitter, seguida de otra estrella del pop, el canadiense Justin Bieber, con más de 91 millones de fans (Consultado el 16/02/2017). Esta cantante no deja de increpar a Trump: Gomar, Ignacio (2017), “La reacción de las famosas ante la era Trump”. En El País, [en línea], 13 de noviembre: http://elpais.com/elpais/2016/11/11/viva_la_diva/1478856747_394566.html (Consultado el 20/02/2017).
  1. Illescas, Jon. E. (2015), La dictadura del videoclip. Barcelona: El Viejo Topo [2015, 2ª ed. 2016], pp. 350/354.
  1. Con su videoclip Chained to the Rythm (2017), en el cual precisamente critica lo que ella misma ha estado haciendo todo el tiempo desde su Olimpo de Dioses y Diosas prefabricados de la industria del pop: alienar a la juventud global y apoyar a la élite del poder.
  1. Illescas, Jon. E. (2015), La dictadura del videoclip. Barcelona: El Viejo Topo [2015, 2ª ed. 2016], p. 332.
  1. Ibídem, p. 7
  2. Sobre el vídeo: Jerkovich, Katie (2016), “Katy Perry Votes Naked In Latest Video To Turn Out The Vote For Hillary”. En The Daily Caller, [en línea], 27 de septiembre: http://dailycaller.com/2016/09/27/katy-perry-votes-naked-in-latest-video-to-turn-out-the-vote-for-hillary-video/ (Consultado el 20/02/2017). Sobre la canción: Showbiz (2016), “Katy Perry quiere componer el tema electoral de Hillary Clinton”. En La Opinión, [en línea], 24 de junio de 2014: http://laopinion.com/2014/06/24/katy-perry-quiere-componer-el-tema-electoral-de-hillary-clinton/ (Consultado el 20/02/2017).
  1. En la llamada “Masacre de Ludlow” en 1914: Illescas, Jon. E. (2015), La dictadura del videoclip. Barcelona: El Viejo Topo [2015, 2ª ed. 2016], p. 551.
  1. Coca-Cola en lucha (2016), “Somos Cocacola en lucha”. Madrid: La Oveja Roja.
  1. García Marco, Daniel (2016), “Estados Unidos, ¿se merece Barak Obama que lo llamen “deportador en jefe”? En BBC, [en línea], 27 de enero: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160120_obama_deportaciones_eeuu_dgm (Consultado el 20/02/2017).
  1. Por ejemplo, cuando se enteró del brutal asesinato de Gadaffi. Aquí el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=Fgcd1ghag5Y (Consultado el 20/02/2017). La reflexión: Wight, John (2016), Hillary Clinton and the Brutal Murder of Gaddafi”. En Counter Punch, [en línea], 21 de octubre: http://www.counterpunch.org/2016/10/21/hillary-clinton-and-the-brutal-murder-of-qaddafi/ (Consultado el 20/02/2017).
  1. Eagleton, Terry (2005), Ideología. Una introducción. Barcelona: Paidós [1995]. Sobre Zizek: BBC News (2017), “Slavoj Zizek on Trump and Brexit”. En YouTube, [en línea], 17 de enero: https://www.youtube.com/watch?v=2ZUCemb2plE (Consultado el 20/02/2017).
  1. EFE (2017), “Trump apoya la tortura en los interrogatorios como método efectivo para combatir el terrorismo”. En El Mundo, [en línea], 27 de enero: http://www.elmundo.es/internacional/2017/01/26/58896262e5fdeaad368b465f.html (Consultado el 20/02/2017)
Libro del autor:

domingo, 23 de octubre de 2016

Sobre la segunda edición de “La Dictadura del Videoclip”



Portada obra de Miguel Brieva.

Jon E. Illescas *

Con motivo de la reciente publicación de la segunda edición de “La Dictadura del Videoclip” (El Viejo Topo) me gustaría escribir unas palabras en tanto autor del libro.1

En primer lugar querría reconocer la emoción y la alegría que me suponen que un libro con más de 600 páginas, netamente marxista y absolutamente a contracorriente, haya agotado su primera y ambiciosa primera edición en menos de un año.2 Es una enorme satisfacción demostrar que el método de análisis de la realidad propuesto por Marx y Engels, compuesto por el análisis científico del capitalismo, el materialismo histórico y el compromiso por el futuro socialista, todavía esté en boga (pese a los incansables y denodados intentos de la burguesía por enterrarlo) y sea perfectamente aplicable al estudio de fenómenos tan contemporáneos como el videoclip, la influencia de la industria cultural en la juventud internacional o el poder de la industria musical en Internet. El éxito de público y crítica que ha cosechado el libro entre los especialistas, la comunidad educativa y los propios artistas, así lo atestigua.

Por otra parte, el azar quiso que la primera edición de esta obra tuviera la misma tirada que “El Capital” de Marx, es decir, 1.000 ejemplares. Por supuesto, no estoy estableciendo ninguna comparación en cuanto a la importancia de cada una de ellas. La obra “capital” de Marx es una un trabajo magno (e inacabado) que arrojó un potentísimo haz de luz para entender el capitalismo, todavía inigualado desde aquel lejano 1867 donde apareció la primera edición en alemán. Pero me resulta divertida la coincidencia ya que el estudio de esa obra de Karl Marx fue esencial para desarrollar la larga investigación que fundamentó científicamente la mía,3 a medio camino entre la divulgación científica, el ensayo y la propuesta política. Sin embargo, mientras que la primera edición de “El Capital” tardaría más de dos años en venderse, “La Dictadura del Videoclip” sólo ha necesitado de unos meses. Por supuesto, se trata de obras disímiles en cuanto a su dificultad de lectura, extensión y significación histórica, publicadas en tiempos y espacios dispares. Sin embargo, me gustaría pensar que “La Dictadura del Videoclip” ha supuesto un escalón humilde pero firme en aquella escalera robusta que comenzaron a cimentar Marx y Engels y tantos otros que vinieron después para entender la sociedad actual y superarla construyendo una sociedad sin clases donde la democracia, la justicia y la libertad dejen de ser palabras escritas sobre papel mojado para transformarse en derechos tangibles sobre los que la humanidad alcance cotas de civilización y felicidad superiores.

Desde aquí aprovecho también para agradecer una vez más a todos los que hicieron posible la primera edición. En primer lugar, a Miguel Riera, editor clásico e imprescindible en nuestro país, hombre culto, comprometido y humanista. Intelectual orgánico que decidió apoyar una publicación tan heterodoxa como contrahegemónica con todo su olfato literario y su voluntad militante. Sin él, “La Dictadura del Videoclip”, tal cual la conocemos, jamás hubiera visto la luz. También me gustaría agradecer a Miguel Brieva, magnífico ilustrador y persona, que con su talento ayudara a darle un impulso definitivo al libro. Estoy seguro que muchos lectores leyeron la sinopsis y más adelante se animaron con todo el volumen por el magnífico trabajo que realizó con la portada, la contraportada y las estupendas viñetas que acompañan sus páginas. Sin duda, fue todo un lujo haber contado con uno de mis dibujantes favoritos para el segundo y más importante de mis libros.  Además, me gustaría agradecer las recomendaciones de Salvador López Arnal y los sabios consejos de Rafael Díaz-Salazar junto al trabajo incansable de mi “coach” personal: Juan Manuel Illescas Pérez (mi padre). La persona que a lo largo de los años se ha pertrechado de la suficiente paciencia y tesón para enseñarme a escribir.

También querría agradecer a todos los que ayudaron a difundir el libro con sus generosas y a veces magníficas críticas, como: David Becerra, Daniel Bernabé, Rafael Díaz-Salazar, Víctor Lenore, Ignasi Franch, Ferran Riera, Isa Benítez, Félix Población o Aleu Pons entre muchos otros. También a todos los lectores de la primera edición que me escribieron aportándome sus valiosas críticas, experiencias y sensaciones. Y cómo no, a los trabajadores y trabajadoras de El Viejo Topo, con un agradecimiento especial para Anna Galdón desde las labores de promoción.

Igualmente me gustaría dedicar esta segunda edición a aquella heroica y muchas veces anónima comunidad educativa, compuesta por profesores que no cesan en su empeño de construir un mundo mejor desde las aulas. Trabajadores de la cultura que siguen creyendo en que otra juventud y otro mundo son posibles. No habrá revolución sin juventud y no habrá juventud revolucionaria sin adultos insurgentes que con su labor coherente y contrahegemónica se alejen de la lógica de la sociedad de consumidores compulsivos e irreflexivos que necesita el capitalismo.

No me puedo olvidar tampoco de mandar un agradecimiento profundo y sentido a mi familia y a todos mis amigos por su apoyo (en especial a David Quintanilla), sin cuyo aliento tanto la investigación como la escritura de la “La Dictadura del Videoclip” hubieran resultado insufribles. 

Por último, he de realizar una dedicación muy especial para una persona que ya es imprescindible en mi vida: Cansel Açıkgöz. Una mujer cuya inquebrantable fe en la importancia de “La Dictadura del Videoclip” ha sido fundamental durante los últimos meses de mi vida pues me ha vuelto a recordar el poder revolucionario, maravilloso e internacionalista del amor. Con la suerte adicional que me han mostrado, por primera vez en mi vida, el significado de su expresión más pura y sublime. Ojalá esta segunda edición de un libro tan crítico y militante sirva para que, a fin de cuentas, en el futuro podamos vivir en una sociedad donde la música auténtica, liberada del capital y escrita desde el corazón (con o sin videoclips), nos ayude a todos a amarnos más y mejor. 

* Jon E. Illescas es Licenciado en Bellas Artes y Doctor en Sociología y Comunicación. También es conocido bajo el seudónimo artístico de "Jon Juanma". 




Notas: 
  
 1. Salió de la imprenta entre finales de septiembre y principios de octubre de este 2016, pero llevaba maquetada desde julio del mismo año.

2. El libro llegó a las librerías entre principios de diciembre de 2015 y finales de enero de 2016.

3. La investigación comenzó a mediados de 2009 y finalizó a mediados de 2015.

Ilustración interior de Miguel Brieva.