viernes, 24 de junio de 2016

El Goodbye del Reino Unido. Anotaciones marxistas sobre lo ocurrido y el futuro en la UE


El Goodbye del Reino Unido

Anotaciones marxistas sobre lo ocurrido y el futuro en la UE

Juguetes con la bandera del Reino Unido. El nacionalismo se mama desde la cuna.


Jon E. Illescas


Hoy es un día histórico. Nadie pone en duda este punto. Por escaso porcentaje, la mayoría de los británicos votaron por marcharse de la Unión Europea. Con el 100% escrutado, un 51,9% votaron goodbye y un 48,1% to remain. No me detendré en este breve artículo a analizar cómo la opción del Brexit ha triunfado en las zonas rurales ni cómo en las zonas más avanzadas y cosmopolitas lo ha hecho la voluntad de mantener la eurociudadanía. No hablaré tampoco del divorcio entre los trabajadores cualificados y los no cualificados (lo que algunos designan, erróneamente, como el enfrentamiento entre la clase media y la obrera). Tampoco de cómo gran parte de las áreas periféricas e industriales han abandonado el internacionalismo conservándolo para las películas hollywoodienses de amenazas alienígenas y por el contrario han abrazado el nacionalismo chauvinista de la parte más retrógrada, racista e imperialista de la burguesía inglesa. Algo que ciertamente habla muy mal de la capacidad de la “izquierda realmente existente” para conectar con los trabajadores y hacer pedagogía y estupendamente de los grandes medios de derecha que, como The Sun o The Daily Mail, llevaban décadas reproduciendo su hegemonía machacando e infectando a los obreros con esos contravalores. No es momento de hablar de esos asuntos que, aunque importantes, ya están siendo señalados por algunos analistas.

En este espacio me gustaría tratar una cuestión más de fondo que, como diría Fernand Braudel, tiene que ver con la long durée (larga duración) para el conjunto de la población y las generaciones venideras. Porque está claro que las consecuencias del Brexit a corto-medio plazo serán tremendas y actualmente simple y llanamente incalculables. No sólo para los británicos sino para todos los europeos y aún más, para cualquier ciudadano del globo. Dicho sin ambages: las consecuencias del voto a favor del abandono del espacio de construcción europea serán netamente negativas para los sectores populares. En especial para la clase trabajadora, donde se encuentra la mayoría de la humanidad. Una clase omitida mediáticamente y ninguneada desde la política institucional que se halla fragmentada internacionalmente por diversas fronteras, pero conectada globalmente de facto por el mercado mundial.

No sabemos a qué tipo de acuerdos políticos llegarán las autoridades británicas y eurocomunitarias para amortiguar todos los problemas que acarreará la salida de Reino Unido de la UE (si es que al final se lleva a cabo), pero lo que es seguro es que los grandes negocios, aunque a corto-medio plazo se resentirán, indefectiblemente continuarán. Porque el marco de operaciones del capital es mundial y esto, nadie, absolutamente nadie, desde dictadores de diverso signo hasta políticos imperialistas, chovinistas o racistas, podrán evitar.

El capitalismo es un modo de producción que sólo puede ser superado en un sentido positivo por el socialismo que será (si llega a serlo) un sistema superior. Nunca podrá ser sobrepasado por relaciones económicas reaccionarias, pretéritas, menos productivas y de escala inferior de la que es capaz de desplegar el capital. No conseguiremos un mundo mejor marchando a unidades políticas y económicas más pequeñas, como en la Edad Media, cuando las ciudades amuralladas tenían su propia moneda, sistema de medidas, fronteras, ejércitos y agentes soberanos de decisión. De eso modo sólo conseguiremos una multitud de reinos de taifas que no será en nada positiva para las mayorías. Y teniendo de base una economía mundial, poner trabas políticas-nacionales sólo servirá para abaratar la fuerza de trabajo gracias a los impedimentos que con las nuevas fronteras administrativas enfrentarán los emigrantes para tener igualdad de derechos respecto a los nativos. Es decir, una situación mejor para el empresariado y peor para los trabajadores. Más ganancias y menos salarios. Un mundo más egoísta y menos solidario.

Hace tiempo, un germano que vivió y murió en la capital del Reino Unido, un tal Karl Marx, señaló que la misión histórica del capitalismo era desarrollar las fuerzas productivas de la humanidad como ningún sistema anterior lo hizo. Así se prepararía el terreno para el socialismo. Es decir, era necesario crear la riqueza antes de repartirla. Sin desarrollo capitalista no puede haber socialización de esas mejoras para el conjunto de la población bajo la propiedad colectiva y el control democrático de ésta. Y efectivamente, pese a su inmenso poder destructor, el capitalismo ha permitido avanzar la ciencia, la tecnología y unificar la fragmentada comunidad humana a niveles desconocidos hasta la fecha. Nadie puede negar este punto sin enfrentarse al ridículo o la vergüenza ajena del buen sentido común de las mayorías.

Aunque a muchos en la izquierda le cueste reconocerlo, el comercio mundial y las mestizas inversiones de capital allende las fronteras han posibilitado que pese a la lamentable persistencia de las guerras (y los imperialismos), vivamos en un mundo mucho más pacífico que en el pasado. Un ejemplo claro de ello es que desde la construcción de la UE, los habitantes de los principales países europeos han disfrutado del periodo de paz más largo de su historia. Es justo reconocer estos hechos y para comprobarlo sólo hace falta repasar los libros de historia o las hemerotecas. Hay una gran confusión con Marx que muchos autoproclamados “marxistas” no dejan de difundir y es que Marx no era un “anticapitalista” sino un “socialista”, no era “nacionalista” sino “internacionalista”, no sería “anti-UE” sino “pro-UE”. Marx y Engels hubieran criticado ferozmente muchos elementos de la Unión Europea, por supuesto, pero sin duda la hubieran apoyado por todo lo progresista que tiene como promesa de un futuro mejor para la humanidad. Nosotros, deberíamos hacer lo mismo.

Porque si la humanidad tiene por delante un futuro digno, poco a poco y a largo término, desde una perspectiva macro, observaremos su unificación mundial. Y todo ello pese a su diversidad. Pues unión no significa eliminación de las diferencias enriquecedoras u homogeneización empobrecedora. Unión debe ser empoderamiento, seguridad y la existencia de un mañana que merezca la pena ser vivido. Sin embargo, desde una perspectiva micro y a corto-medio plazo, el voto del 23 de junio por el Brexit quedará consignado en los libros de historia como un paso atrás para la humanidad. Que ese paso atrás sea para hacernos conscientes de los peligros de vivir en el pasado y tomar impulso, dependerá de nosotros.

Como socialista, marxista e internacionalista digo sí a avanzar en la construcción hacia una humanidad reunida en una polis universal que sea capaz de enfrentar los grandes desafios que plantea el capitalismo entrelazado con la persistencia regresiva de los estados nación para la raza humana: la desigualdad creciente, el cambio climático, el hambre, las guerras, los refugiados de diversa índole, etc. Por eso digo sí a la Unión Europea. Por eso me declaro con más intensidad que nunca como militante del proyecto europeo de integración política, porque pese a todo lo malo que hay que solucionar, las otras opciones son mucho peores y plantean un escenario fértil para las divisiones de la clase trabajadora y por ende, de la mayoría de la humanidad. Por no hablar del reavivamiento de las posibilidades de nuevas y temibles guerras fraticidas.

Por eso con fuerza digo sí a la Unión Europea y a otra Unión Europea, por supuesto. A una que aumente sus elementos progresivos (espacio Schengen que ahora muchos gobiernos burgueses quieren eliminar) unificación legal fiscal, laboral, judicial, sanitaria, medioambiental, etc. Sí a la UE como paso intermedio para una unidad política mundial donde todos seamos ciudadanos con plenos derechos políticos y laborales, donde no haya más refugiados ni un “vosotros” y “nosotros” que nos divida y permita que algunos puedan mirar de arriba a abajo a sus congéneres. Porque el socialismo será mundial o no será.

A muchos les parecerá utópica mi propuesta observando lo que nos rodea, pero lo ya no utópico, sino quimérico, es pensar que alguno de los grandes problemas que enfrentamos como especie y que nos afecta en nuestro día a día como individuos se vayan a solucionar sin que estemos unidos. ¿Cómo si no combatiremos el fraude fiscal, la especulación financiera o el cambio climático?  ¿Cómo reduciremos la jornada laboral para que el paro no siga aumentando ante la utilización capitalista de las máquinas? Nada se solucionará presos en una pleyade de Estados donde la clase dominante nos explotará a su merced como hacen los granjeros con los animales divididos en los pastos y jaulas de su propiedad. Por eso es hora de borrar las fronteras que nos amputan como seres humanos, por eso es momento de redoblar fuerzas y construir una Unión Europea más fuerte y avanzada que sea atractiva para los habitantes de todo el mundo. Que sea ejemplo de lo que queremos construir en el futuro, que sea tan inspiradora que cualquiera, al ser preguntado, en unos hipotéticos y futuros referéndums, tenga que votar “Sí quiero ser parte de esta comunidad superior”. No hay otro camino excepto el retorno a la barbarie. Y hemos estado allí otras veces. Pero me refiero a una barbarie mucho mayor y más agresiva de la que lúcidamente usted ya reconoce estar viviendo.

Jon E. Illescas es Doctor en Sociología y Comunicación y Licenciado en Bellas Artes. Es autor de “La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados” (El Viejo Topo, 2015). Blog: http://jonjuanma.blogspot.com.es/ Twitter: https://twitter.com/jonjuanma

Este artículo fue publicado el 24 de junio de 2016 con licencia Creative Commons. Puede ser reproducido sin ánimo de lucro y conservando la autoría y el formato originales.






jueves, 21 de abril de 2016

Los pezones de Rihanna. El coito sin fin del capitalismo




Parte de un fotograma de su videoclip "Kiss It Better".


Jon E. Illescas

Rihanna es la Reina absoluta del videoclip mainstream. Si analizamos los 500 vídeos musicales más vistos de la primera década de YouTube, en nada menos que en 26 aparece la célebre cantante.1 La barbadense más internacional, apadrinada por el extraficante, rapero y multimillonario ejecutivo estadounidense Jay-Z, supera ampliamente a otras estrellas del pop como Justin Bieber, Katy Perry o Shakira. Sin embargo, la cantante tiene otro hito en su poder. El año pasado apareció por primera vez haciendo topless en su vídeo Bitch Better Have My Money (“Zorra, mejor que tengas mi dinero”). Nunca antes se había producido un topless de una reina del pop en un videoclip dominante. La Madonna negra del siglo XXI superó a la caduca Madonna blanca del XX.2 Desde entonces, Rihanna no ha cesado en su empeño de mostrarnos los senos en cada uno de sus nuevos vídeos. Y ya llevamos tres.3
 
Así es, porque posteriormente al citado siguió con su estrategia de seducción,  tanto en su videoclip Work (“Trabaja”) en compañía del rapero Drake, como en Kiss It Better (“Bésalo mejor”). En todos, la célebre intérprete decidió mostrar sus otrora privadas areolas al conjunto de la juventud mundial. ¿Exagerado? Los tres vídeos suman en pocos meses más de 350 millones de visualizaciones, una población que multiplica por tres la suma de todos los jóvenes de la Unión Europea y Estados Unidos.4 Pero, ¿cuál es la razón de esta aparente obsesión de Rihanna con sus pechos?

En realidad no se trata de la voluntad de la cantante, aunque en última instancia, tenga que dar su consentimiento (faltaría más). Se trata del modo de producción que marca la lógica que determina la forma y el contenido de estos videoclips más comerciales: el capitalismo. En este sistema socioeconómico la mayoría de los productos se realizan con la “interacción” de dos clases sociales: los empresarios, que son los dueños de los medios de producción (empresas, medios de trabajo, materias primas, etc.) y los asalariados, que como no tienen aquellos han de trabajar para los primeros a cambio de un salario con el que sobrevivir. El problema es que, pese a las apariencias,  no es un trato justo entre ciudadanos libres porque el salario tiene un valor inferior al trabajo realizado por los “currantes”.5 ¿De lo contrario, de dónde saldría el beneficio? El salario no paga el trabajo de más contenido en las mercancías propiedad del empresario. Por esa razón, una vez vendidas, los empresarios transforman ese plustrabajo/plusvalor en suculentas ganancias.
¿Y qué tiene que ver todo este anticuado “rollo marxista”? ¿No era más adecuado para los explotados obreros de las fábricas de algodón de Mánchester en siglo XIX que para los provocadores videoclips de la musa caribeña en el XXI? En realidad no, porque la explotación capitalista se da en todos los sectores donde interaccionan económicamente estas dos clases sociales que todavía hoy escinden a la humanidad en dos partes enfrentadas. Poco importa si fabrican coches, helados, misiles, videoclips, condones o rosarios del Papa Francisco. El videoclip es así un producto audiovisual que en nuestro sistema adopta la forma social de mercancía capitalista, es decir, se fabrica mediante la inversión de capital de empresarios que contratan a trabajadores para producir un vídeo de su propiedad con el fin de venderlo en el mercado al mejor precio posible.

¿Y en qué momento entran en acción los pechos de Rihanna? En la lucha frente a la competencia. Pues resulta que el ojo humano, sea masculino o femenino, observa un 20% más rápido que cualquier otra imagen aquellas que poseen contenido sexual.6 Por esa razón otra famosa estrella del pop, Miley Cyrus, sentenció sabiamente aquello de: “Eres más famosa cuanto más enseñas las tetas”.7 Por ello en un mercado audiovisual (pongamos YouTube) repleto de videoclips en durísima competencia, es funcional para los empresarios que los financian utilizar el reclamo visual para congregar las atenciones de los espectadores.8 Una vez reunidas serán vendidas como nuevas mercancías a los anunciantes que pagarán por esos videoclips. Es decir, cuando millones de jóvenes queden atrapados/as observando la artísticamente realzada sexualidad de Rihanna o los pectorales de Justin Bieber, los anunciantes de turno tendrán que pagar al canal YouTube y a los propietarios del vídeo (Universal, Vevo, etc.) por haber construido un excelente cebo capaz de transformar esas atenciones en mercancía. De este modo, las empresas anunciantes podrán bombardear a los seguidores de Rihanna y Bieber con esa desarrollada forma de lavado cerebral llamada publicidad. Y todos contentos, ¿verdad?

En realidad, hay muchos que salen perdiendo. No sólo los trabajadores que cada vez son más pobres en relación con los empresarios,9 sino también los amantes de la música y el arte del videoclip. Debido a los condicionamientos capitalistas que encorsetan la música dirigida a las mayorías, ésta es cada vez más pobre musical y semánticamente hablando. Paralelamente, los videoclips que la ilustran tienen una forma y un contenido crecientemente homogéneos. La oligarquía mediática que personifica la lógica capitalista y de clase de la industria cultural impide que la música de masas sea más variada y de mayor calidad de lo que es.10
 
Además, con los videoclips mainstream se produce lo que denomino la “estrategia del coito sin fin”.11 Ésta basa su poder de atracción en la continua excitación sexual del espectador. Así retiene su mirada en una zozobra interminable que continuamente contiene la promesa del orgasmo que su mismo flujo comunicacional debe negar para que la atención sea constantemente (re) mercantilizada y desviada hacia la oferta mercantil representada en el contenido audiovisual. En el videoclip dominante, la maldición del coito sin fin alcanza su expresión más elevada y sus agotados voyeurs forman su castigado público fiel.
Como la oligarquía mediática que controla/censura la música de masas desde la cima de la industria impide que la música destinada a las mayorías verse sobre  otros temas diferentes al sexo, la riqueza, la competitividad, la agresividad o el amor/desamor, hay decenas de temas importantes para la juventud que enmudecen o directamente desaparecen del flujo del videoclip mainstream. Entre ellos están aquellos que tienen que ver con la crítica al sistema: a las desigualdades sociales, las guerras, el hambre o el cambio climático. Pero tampoco encontraremos otros alejados de la política como la amistad, la solidaridad, la espiritualidad o el amor entendido más allá del unidimensional atractivo físico.   Por eso cada vez veremos más vídeos de Rihanna enseñando sus intimidades y menos de aquellos que no versen sobre el reclamo sexual. Habrá más videoclips como Work y menos como el políticamente comprometido y parcialmente censurado They Don’t Care About Us de Michael Jackson.12 En la actualidad, la libertad artística de los cantantes más populares es de la más bajas que se recuerdan debido a la concentración y centralización del capital que ha permitido que la luz verde sobre los vídeos más comerciales que verán la luz se tome cada vez por menos manos. 

La existencia de algún grupo crítico como Calle 13 o Rise Against en el flujo audiovisual proporcionado por la gran industria (con sólo tres grandes discográficas controlando la distribución de más del 92% de los videoclips más populares) no cambiará el hecho de que el flujo sea aplastantemente mayoritario en favor de ideologías y valores (o contravalores) funcionales para el empresariado.13 Un par de célebres amigos lo apuntaron hace mucho tiempo: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época […] La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan […] las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente”.14

Quizás en la huida sin fin a la que está abocado el capitalismo (económico, político y cultural) lleguemos a una situación que hoy todavía puede parecernos sorprendente. Así es porque quizás dentro de unos años, en los videoclips dominantes, las estrellas de la canción deberán realizar escenas de sexo explícito para llamar la atención de los espectadores.15 No en vano, no pueden reclamarla de otro modo ajeno a la sexualidad y si ya están mostrando pezones, no se puede disminuir la temperatura de la provocación. No enseñarlos a partir de ahora será un riesgo empresarial de primer orden. Al menos para Rihanna y similares. Y esto que parece una broma de mal gusto en realidad nos ilustra sobre el sinsentido (social) de nuestro sistema.
Llegados al final de esta reflexión, tres preguntas me rondan. De lo micro a lo macro: primera, ¿cuántos videoclips interpretará a partir de ahora Rihanna sin mostrar sus pezones? Segunda, ¿cuándo se realizará la primera penetración o felación de una celebridad en un videoclip dominante? Tercera, ¿cuándo la mayoría social se percatará que no hay otro presente cultural posible bajo el capitalismo? Añado una cuarta con ansias constructivas: ¿Cuándo los que deseamos lograr un mundo mejor nos daremos cuenta que con este “alimento cultural” no habrá futuro alternativo posible sin crear una cultura contrahegemónica que seduzca a las mayorías?

El tiempo pasa inexorable, se acelera y en manos de otros nos oprime sin que apenas se oigan respuestas. Comencemos al menos por preguntarnos en voz alta qué hacer o los de siempre, desde sus grandes altavoces, nos seguirán dictando el ritmo y la melodía de nuestras vidas. Y mientras tanto, desde el altar del poder secular de la burguesía,  los pezones de Rihanna o quien la substituya serán el opio de un futuro repleto de cadáveres. Los nuestros, masacrados por lacerantes ritmos de trabajo, por la constante burla política y por el exterminio de toda cultura impregnada de humanismo.

No es cuestión de censurar el contenido sexual de ningún producto cultural, ni mucho menos, sino de entender que los seres humanos somos algo más que falos y pechos ansiosos de ser consumidos. Algo que, dicho sea de paso, contradice la función que el capitalismo nos tiene asignada. Por eso Rihanna es prisionera de sus propios pezones, convertidos en punta de lanza de las ubres del capitalismo internacional.

El autor es Doctor en Sociología y Comunicación y Licenciado en Bellas Artes. Recientemente publicó La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 2015).

El presente artículo fue finalizado el 19 de abril de 2016 y publicado en el Topo Express. Tiene licencia Creative Commons y puede compartirse libre, respetando autoría y formato, sin ánimo de lucro.

Notas:

1. ILLESCAS, Jon E. (2015), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo, p. 65.

2. Madonna mostró un pezón durante unas fracciones de segundo casi imperceptibles de un plano general de su videoclip Papa Don’t Preach (1986), donde ya era una estrella. En concreto en diferentes momentos del metraje  entre el 1:36 y el 1:39.

3. Algunas veces sin ninguna prenda por encima (Bitche Better Have My Money) y en otras con alguna transparente (Work).

4. EUROPEAN COMISSION (2015), Situation of Young People in the UE, Bruselas: European Comission, p. 7. Datos para Estados Unidos: Indexmundi [Consultado el 19/04/2016].

5. MARX, Karl (2010), El Capital (3 tomos). Madrid: Siglo XXI [1872, (segunda edición en alemán con notas de la 3ª y 4ª )].

6. ANOKHIN, Andrey P. y otros (2008), «Rapid discrimination of visual scene content in the human brain». En National Institute of Health, [en línea], 4 de junio.

7. GÓMEZ, Lourdes (2014), «Miley Cyrus: ‘Eres más famosa cuanto más enseñas las tetas’». En El Mundo, [en línea], 6 de mayo.

8. El primero en descubrir la mercantilización del público fue el comunicólogo Dallas W. Smythe. Posteriormente, el que precisó que en realidad no era el público el que se transformaba en mercancía sino sus atenciones fue Tanner Mirrlees.

9. FARIZA, Ignacio (2015), «El 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo juntos». En El País, [en línea], 13 de octubre.

10. ILLESCAS, Jon E. (2015), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo, capítulo

11. Ibíd., p. 283.

12. Nos referimos a su versión censurada Prision, pero también a la que obtuvo una censura menor y conocen casi todos sus fans, grabada en Brasil. Ibíd., pp. 400-402.

13. Ibíd., p. 138.

14. MARX, Karl y ENGELS, Friedrich (1846), La ideología alemana. Barcelona: Grijalbo [1972], p.50.

15. En los conciertos, varios cantantes de primera fila ya simulan tener sexo con sus seguidores. Véase: ILLESCAS, Jon E. (2015), La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo, p. 287.

lunes, 29 de febrero de 2016

¿Es Beyoncé una militante del "poder negro"?


Imagen: Kevin Mazur / WireImage/Getty



Respuesta a Amy Goodman y Denis Moynihan



A partir de la debatida actuación de Beyoncé el 7 de febrero en la final de la Superbowl y con el estreno de su videoclip Formation,1 muchos comentaristas progresistas han señalado  estos días el compromiso de la superestrella houstoniana con la comunidad negra y el movimiento black power. Incluso periodistas de la izquierda estadounidense tan importantes como Amy Goodman han escrito inusualmente apasionadas odas a la estrella de la industria musical. Ella y su compañero Denis Moynihan llegaron al punto de establecer semejanzas entre la multimillonaria cantante, el Black Lives Matter y los Panteras Negras en un artículo publicado en Democracy Now.2 Sin embargo, ¿qué hay de cierto en todo ello?

En su mediática actuación en el intermedio de la Super Bowl, Beyoncé y sus bailarinas vestían completamente de negro (las segundas con el pelo a lo afro y boina) a semejanza de los Panteras Negras , durante unos segundos de la coreografía formaron una X en supuesta alusión a Malcolm X y en otro momento también saludaron con el puño en alto.3 Algunas “sutiles” diferencias con los movimientos aludidos radicaban en que sus vestidos acababan por las ingles y que no estaban haciendo activismo en las calles sino actuando en el evento deportivo más atado al capitalismo mediático de todo el país: la Superbowl, con el patrocinio de grandes empresas como Pepsi y socios comerciales como Chevron, Google, Hewlett Packard, Levi’s y un largo etcétera . ¿Qué significa eso? Que tuvo la luz verde de todas esas grandes corporaciones o sus representantes en el Levi’s Stadium de Santa Clara para realizar la actuación que presentó. La coreografía de Beyoncé fue cualquier cosa menos improvisada y todos allí sabían el supuesto homenaje que se iba a realizar al movimiento negro (el equipo de realización debía conocer al detalle la coreografía para, por ejemplo, utilizar un plano cenital para mostrar la “X” cuando las bailarinas se alinearan formando tal letra).

Por otra parte, en su nuevo videoclip Formation (estrenado en Tidal y medio escondido en YouTube) encontramos diversas alusiones a la comunidad negra y sus padecimientos.4 Podemos observar, por señalar algunos puntos, una iconografía que alude a la inundación de Nueva Orleans en 2005 o grafitis exigiendo que paren de dispararles (en referencia a los asesinatos y abusos policiales que sufren algunos afrodescendientes) junto al fugaz recuerdo de algún líder histórico como Martin Luther King que aparece durante menos de un segundo en la portada de un periódico llamado The Truth (“La Verdad”). Sin embargo, todos estos elementos de cierto compromiso, junto a varios y más que confusos guiños al orgullo de negritud, se muestran dentro de un videoclip donde Beyoncé alardea de su condición de estrella y multimillonaria,  se llama “zorras” al resto de mujeres y no tiene ningún reparo en publicitar marcas de ropa de lujo como Givenchy o hacer product placement de otras más populares como Adidas o Red Lobster. Lo cierto es que pese a que Goodman y su compañero comparen forzadamente a Beyoncé con el Black Lives Matter o los Panteras Negras, la realidad dista mucho de tal exótica mezcolanza. 

Los Panteras Negras fueron una organización política anticapitalista y armada para la autodefensa y la ayuda de los afroamericanos creada en 1966. Su máxima influencia social la alcanzó entre finales de los sesenta y principios de los setenta con algunos programas de ayuda a las comunidades tan populares como el Free Breakfast (“Desayuno gratis”) para los niños más desfavorecidos. Como bien señalan Goodman y Moynihan en su artículo, fueron perseguidos por el FBI mediante un programa de contrainteligencia llamado COINTELPRO, supervisado por el propio Edgar Hoover. El movimiento fue destruido desde fuera y desde dentro mediante la guerra sucia del Estado norteamericano: falsificación de pruebas, suplantación de identidades y correspondencia, hostigamiento legal, palizas, guerra psicológica, etc. Es más, algunos de sus líderes  fueron encarcelados o asesinados mientras que otros tuvieron que huir exiliándose en Cuba. Los Panteras Negras no sólo eran una extensión radicalizada del movimiento negro liderado por Malcolm X o Martin Luther King, sino que se consideraban socialistas, marxistas, revolucionarios y gran parte de ellos maoístas (sus seguidores estudiaban como obra de cabecera “El Libro Rojo” de Mao Zedong y Huey P. Newton, su líder, fue recibido oficialmente por las autoridades chinas en 1971, un año antes que lo hiciera el propio presidente Nixon). 

Por su parte, la actual Black Lives Matter es (por ahora) una organización de base con cierto espíritu posmoderno e ideológicamente situada entre el centro-izquierda y la izquierda del espectro político que, si bien centra sus actividades en la defensa de la población negra, también observa una sensibilidad prioritaria con la comunidad LGTB (afrodescendiente).5 No son un partido político, ni mucho menos pretenden el derrocamiento del sistema capitalista. Tampoco van armados para evitar abusos policiales como lo hacían los Panteras Negras ni practican ningún tipo de internacionalismo revolucionario. Son una organización de tintes reformistas que militan para que los estándares de la población negra mejoren. No hay prédica socialista ni lucha de clases. Ni una palabra de crítica al capitalismo.

En cambio, Beyoncé, a años luz de los anteriores y ajena a cualquiera de los padecimientos que sufren las mayorías de su mismo fenotipo, es una multimillonaria empresaria y rentista del cuerpo que,6 junto a su marido, el ex traficante, rapero y alto ejecutivo de la industria musical Jay-Z, forman una de las parejas más poderosas del negocio con contactos con la élite estadounidense, tanto política (Barak Obama o Hillary Clinton) como empresarial (Russel Simmons o Warren Buffet), tanto negra como blanca.  La máxima liberación de la comunidad afrodescendiente por la que está dispuesta a “luchar” la ex Destiny Child, mientras contornea el trasero ligera de ropa, se lame los dedos mirando a la cámara o celebra su riqueza en sus elitistas vídeos musicales, es aquella que permita a todos sus miembros transformarse en unos “Bill Gates negro[s]” (como apunta la propia letra de Formation).7 O sea, “emancipación” por medio del enriquecimiento individual y la explotación económica de las mayorías.

Se trata de la clásica historia del black capitalism que la misma oligarquía estadounidense ha publicitado desde hace décadas para integrar ideológicamente a la mayoría de la clase trabajadora afroamericana en su régimen y de paso  dividirla en sus luchas colectivas con la blanca (justo lo contrario de lo que hacía el Partido Comunista).8 Desde que tras largas luchas los afrodescendientes consiguieron los mismos derechos civiles que el resto (1969), en las décadas siguientes el capitalismo negro se llamó Bill Cosby, Michael Jordan, Oprha Winfrey o Will Smith. Todas esas estrellas eran y son las que la industria cultural necesita para vender la imagen del Sueño Americano entre una población tan castigada como la afrodescendiente. Esta publicitada propaganda afirma que los negros que se esfuercen por triunfar acabarán haciéndolo sin importar las condiciones materiales que les rodeen (falta de oportunidades laborales, pobreza, narcotráfico, etc.). Es decir, sin importar la barreras sistémicas del pasado y del presente, sin tener en cuenta los siglos de esclavitud y la discriminación que todavía hoy hacen  que los afrodescendientes en  los EUA sufran una pobreza semejante a la de Irak con un 27,4% de su población en la indigencia, un paro que dobla al de la población blanca o un 40% de la población presa pese a sumar solo el 12% de la ciudadanía estadounidense.9
 
De este modo, con la prédica del black capitalism al que se incorpora con entusiasmo Beyoncé, la industria cultural hegemónica conseguirá que las nuevas generaciones de niños y jóvenes afrodescendientes tengan como referentes para idolatrar a negros enriquecidos bajo las reglas del capitalismo estadounidense, a negros asimilados burgueses o rentistas, en lugar de líderes afroamericanos verdaderamente contrahegemónicos. Auténticos héroes y heroínas que, como en los sesenta y principios de los setenta, lucharon por los derechos del colectivo y por el de todas las clases populares sin importar el color de su piel: Malcolm X, Martin Luther King, Huey P. Newton, Angela Davis, etc.10 La prédica del “capitalismo negro” es una estrategia de la clase dirigente para lograr la hegemonía de los dominados por consenso, que diría Antonio Gramsci. Y Beyoncé es clave, como mujer negra de éxito bajo las reglas del sistema, para conquistar a decenas de millones de adoctrinados por el flujo del mainstream cultural.

El problema de su mensaje  como traducción afro del American Way of Life (el “libérate enriqueciéndote”) es que, por defecto, no puede existir tantos puestos de ricos capitalistas o rentistas del espectáculo como para que todos los negros puedan vivir tan holgadamente como ellos. Necesitan a muchos trabajadores negros (y blancos o de cualquier otro tipo) a los que extraerles el plusvalor mediante la explotación salarial y a partir de allí obtener las ganancias que les permitan el despilfarrador estilo de vida del que Beyoncé alardea en gran parte de sus vídeos.11 Aquellos ingresos que permiten a la cantante regalarle a su marido un jet Bombardier Challenger 850 valorado en 40 millones de $ para su cumpleaños o a éste comprarle una isla privada cerca de Florida en el suyo.12 Es algo “ligeramente” diferente a por lo que militaban los Panteras Negras cuando luchaban no sólo contra la opresión racial sino también contra la opresión capitalista que sufría la clase trabajadora.

Pero, ¿cómo es posible que una mujer tan preparada como Amy Goodman no pueda ver algo tan diáfano? ¿Cómo es posible que la principal responsable de uno de los programas de radio y televisión radical estadounidense más populares (Democracy Now) y la autora de diversos libros críticos con el gobierno más poderoso del mundo se rinda tan fácilmente a los encantos de una estrella de la industria musical simplemente por aludir de la forma más banal, superficial y contradictoria posible a un movimiento por el que ella siente simpatía? 

En realidad, tristemente, es más sencillo y mundano de lo que parece. Una de las causas estriba en lo que en psicología se llama el efecto halo por atractivo físico. Se utiliza ampliamente en publicidad para conquistar al consumidor y se trata de un sesgo cognitivo que falsamente hace creer al espectador que una persona, por el mero hecho de ser atractiva, es mejor de lo que realmente es en otros aspectos de su personalidad. Por ejemplo, si una mujer es bella, la vemos más inteligente, más generosa, más audaz y quizás en el caso de Beyoncé… más “comprometida” de lo que realmente es, ante el menor gesto en esa dirección. Todo aquello que el espectador considera bueno, será reforzado e hipertrofiado por el atractivo sexual y el carisma. Otra de las razones que sustenta el entusiasmo de Goodman radica en que en el Olimpo de Dioses y Diosas Manufacturados desde las industrias culturales hegemónicas (TV, música de masas, prensa y cine comercial,  etc.) son tan infrecuentes los casos de compromiso social o político que, cuando alguna de estas prefabricadas celebridades se pronuncia al respecto, aunque sea del modo más vago, ambiguo y banal posible, encontrará la simpatía de muchos intelectuales de izquierda huérfanos de referentes conocidos que apoyen sus causas. Es decir, les ayudarán a sentirse menos solos de lo que en realidad están. 

En otras palabras, con la ambigüedad de su mensaje “pro black power” el equipo de producción y marketing de Beyoncé consiguió con Formation y su actuación en la Super Bowl llegar a (casi) todo el mundo a la izquierda de los republicanos más duros (que no interesan a la artista  pues ya los había “ahuyentado” hace años con su apoyo público al Partido Demócrata). Con este “escándalo” premeditado alcanzaron simultáneamente a la mayoría de gente que no le importa en absoluto el decurso del movimiento negro y simplemente disfrutará con las coreografías de las sensuales bailarinas danzando al ritmo de los éxitos precocinados del repertorio de Beyoncé y a aquella minoría preocupada por la suerte de la comunidad afrodescendiente que verán compromiso donde sólo hay oportunista pose. Sumado a ello, la polémica en los medios republicanos le otorgará a la cantante una presencia mediática extra y una victimización/defensa en el bando progresista que le resultará ciertamente rentable. Resultado: más publicidad y beneficios para Beyoncé y sus auspiciadores.

Complementariamente a lo anterior, todo este calculado revuelo pudiera tratarse (también) de una hábil estrategia de marketing de Jay-Z, el marido de la cantante,  para volver a colocar en el escaparate mediático a su maltrecha plataforma de vídeos en streaming, Tidal (donde se estrenó el videoclip en exclusiva), la cual está siendo un estrepitoso fracaso comercial.13 Por eso la empresa recientemente anunció que donaría 1,5 millones de $ a diversas ONG que se centran en ayudar a la población afrodescendiente.14 Una forma de atraer y fidelizar, al menos, al público negro. Como no alcanzan al mayoritario, que era su objetivo primario al lanzar la empresa (ni más ni menos que competir con YouTube o Spotify), más vale ser cabeza de ratón que cola de león. Todo dentro de la consabida y publicitada “responsabilidad social” del mundo corporativo. La caridad de siempre difundida por los focos y las ruedas de prensa que sirven para mejorar la percepción de la marca entre los (posibles) consumidores.

En síntesis, Beyoncé Knowles es parte del engranaje de la misma oligarquía política y económica que saca rédito de la opresión “racial” y económica de las mayorías trabajadoras negras (y blancas) estadounidenses. Ayuda a dividir a la fuerza de trabajo norteamericana sobre el eje “racial” (fenotípico) que desplaza al científicamente objetivo y estructural de “clase”, abaratando así su valor (sus salarios), al dificultar las luchas unitarias. De hecho, la cantante apoya a la candidata más a la derecha del Partido Demócrata, Hillary Clinton, frente al socialdemócrata de izquierdas Bernie Sanders, en su pugna por ser la candidata del partido a las elecciones de este año.15 La misma mujer que rio a carcajadas cuando como Secretaria de Estado de Obama se enteró que Gadafi había sido asesinado,16 la misma que es parte integrante del imperialismo estadounidense que con sus guerras aplasta las vidas y los sueños de tantos pueblos alrededor del mundo sin importar el color de su tez.

Beyoncé es como Obama, puro marketing, resultona pose y publicitado “cambio” para que nada cambie. La cara amable, “liberal”, de un capitalismo atroz, frente a la cara antipática, “conservadora”, de los halcones republicanos. Pero todos juntos dentro de las filas de la oligarquía imperialista estadounidense. Así,  pese a todas los gestos supuestamente “progresistas” que hiciera en su actuación en la Super Bowl, lo importante es que por encima de Beyoncé seguirá brillando el logotipo del capital (en este caso de la patrocinadora Pepsi) mientras canta (sin rubor) que “es una estrella” y que le sobra el dinero. Y pese a ello, el efecto halo es tan poderoso que valerosas activistas como Amy Goodman seguirán creyéndose lo que muchos no nos creímos con Obama pese a la amplitud de su sonrisa: que su praxis fuera verdaderamente contrahegemónica. Eso sí, hay que reconocer el compromiso de Beyoncé en un punto y es que efectivamente es una sincera militante de una causa muy especial: el tamaño de su bolsillo. Así puede ser activista de muchas que le ayuden a engordarlo. Hoy será la población negra y mañana… ¿quién sabe? Estamos seguros que no será la lucha contra un capitalismo que la encumbra hasta la estratosfera de la jerarquía social y le permite disfrutar de una riqueza francamente obscena.

Uno de los comentaristas de izquierda fascinados por el supuesto compromiso de Beyoncé, Dave Zirin, afirmó: “Estoy francamente asombrado que este país, en el que se pueden servir salchichas con copos de oro mientras la gente se muere de hambre en las calles, también puede ser un país capaz de producir una artista tan audazmente brillante como Beyoncé”. Suponemos que con lo de “brillante” se refería a los zapatos de oro y diamantes que la diva compró por más de 300.000 $ en una elitista joyería de Reino Unido.17 Con esa cantidad, la “comprometida” cantante podría haberle salvado la vida a más de uno de sus “hermanos”. Pero claro, es que los zapatos eran tan bonitos… casi tan irresistibles como las salchichas. O el caballo-balancín de oro macizo que le regaló a su hija, el sonajero de diamantes, la corona de… 18  
Moraleja: así nos va a una izquierda incapaz de construir su propia industria cultural con sus héroes y heroínas de clase. Presa de los límites del disenso prefabricado por la industria cultural burguesa. Atrapados, como estamos, por los vendedores de sueños precocinados y (re) producidos  por la oligarquía mediática al servicio del capital, nos equivocaremos una y otra vez al elegir nuestros referentes. Y mientras tanto, algunos seguirán muriendo de hambre, mientras otros, y otras, se alimentan de oro.

Jon E. Illescas es Doctor en Sociología y Comunicación y Licenciado en Bellas Artes. Es el autor del recientemente publicado “La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados” publicado en diciembre de 2015 en El Viejo Topo. 

Este artículo fue finalizado el 21 de febrero de 2016 y fue escrito para Topo Express pero gracias a su licencia Creative Commons se puede compartir libremente sin ánimo de lucro citando la fuente y conservando el texto original en su integridad.

Notas:

1. El videoclip se puede ver aquí: https://vimeo.com/154783794 [Consultado el 18/02/2016].

2. GOODMAN, Amy y  MOYNIHAN, Denis (2016), «Beyoncé anota para Black Lives Matter en el Super Bowl». En Democracy Now, [en línea], 12 de febrero: http://www.democracynow.org/es/2016/2/12/beyonce_anota_para_black_lives_matter [Consultado el 19/02/2016].

3. En el siguiente enlace se puede ver el vídeo de la actuación: https://www.youtube.com/watch?v=-5BPfRHX1SE [Consultado el 18/02/2016].

4. Para no restar demasiados ingresos a Tidal (la empresa de su marido), el videoclip se colocó en YouTube pero fuera del listado del canal oficial de Beyoncé. Lo puede comprobar el lector buscando el videoclip en la web de streaming de Google y comprobando la inusitada dificultad que se enfrentará al intentar localizarlo. Al menos, ésta era la situación a 18 de febrero de 2016.

5. Su web oficial: http://blacklivesmatter.com/ [Consultado el 18/02/2016].

6. La “renta del cuerpo” es un nuevo concepto marxista de mi autoría que fue ampliamente presentado y desarrollado en la tesis doctoral “Industrias culturales y juventud en el sistema-mundo. El videoclip mainstream como mercancía y como reproductor de hegemonía” dirigida por Juan Antonio Ríos Carratalá y Ángeles Diez Rodríguez. El lector interesado lo podrá conocer de un modo divulgativo y más sintético en el libro “La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados” (El Viejo Topo, 2015).

7. En una parte de la canción, después de referirse a su poder adquisitivo dice así: “You just might be a black Bill Gates in the making, cause I slay/ I just might be a black Bill Gates in the making”. Además en el último plano que aparece cantando, lo hace con un gesto que en unión con la letra expresa el poder que le otorga el dinero que posee.

8. El divide y vencerás fomentado por la élite estadounidense entre los blancos y negros explotados, para dificultar su lucha solidaria, fue señalado por el historiador marxista Howard Zinn desde el inicio de la esclavitud contemporánea en las plantaciones sureñas. Ver en ZINN, Howard (1999), La otra historia de los Estados Unidos. Hondarribia: Hiru [1980, revisada en 1998 por el autor].

9. ILLESCAS, Jon E. (2015), La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo, p. 348.

10. En el caso de Malcolm X y Martin Luther King, esta lucha “interracial” adquirió mayor potencia al final de sus vidas. Curiosamente, poco antes de morir asesinados.

11. Algunos ejemplos son Irreplaceable, Diva o Partition (donde se comporta de manera despótica con una sirvienta).
12. ILLESCAS, Jon E. (2015), La Dictadura del Videoclip. Industria musical y sueños prefabricados. Barcelona: El Viejo Topo, p. 91.

13. MENDOZA, Omar (2016), «The Tidal Wave of Failure». En Linkedin, [en línea], 16 de febrero: https://www.linkedin.com/pulse/tidal-wave-failure-omar-mendoza [Consultado el 19/02/2016]. y JIMÉNEZ DE LUIS, Ángel (2016), «Fracasos innecesarios». En El Mundo, [en línea], 17 de febrero: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/el-gadgetoblog/2016/02/17/fracasos-innecesarios.html [Consultado el 19/02/2016].

14. BAKER, Soren (2016), «Jay Z’s TIDAL & Roc Nation Donating $1.5 Million To Black Lives Matter & Other Social Justice Organizations; BLM Rebuffs Report». En HipHopDX, [en línea], 8 de febrero: http://hiphopdx.com/news/id.37385/title.jay-zs-tidal-roc-nation-donating-1-5-million-to-black-lives-matter-other-social-justice-organizations [Consultado el 19/02/2016].

15. ASHAGRE, Aggi (2015), «Hillary Clinton vs Bernie Sanders: Who Is Your Favorite Musician Backing?». En Billboard, [en línea], 22 de septiembre: http://www.billboard.com/articles/columns/pop-shop/6706844/hillary-clinton-bernie-sanders-musician-supporters [Consultado el 18/02/2016].

16. Enlace al vídeo en que Clinton se entera de la muerte de Gadafi y ríe a carcajadas, emitido por las noticias de Televisión Española: http://www.rtve.es/alacarta/videos/revueltas-en-el-mundo-arabe/hillary-clinton-celebra-entre-risas-muerte-gadafi-fuimos-vimos-murio/1232106/ [Consultado el 19/02/2016].

17. Los zapatos están fabricados con oro de 18 quilates y  cuentan con más de 1300 diamantes incrustados. Ver en:  ALLEN, Rachael (2015), «Beyoncé Buys $345,000 Limited-Edition House of Borgezie Shoes».. En Footwear News, [en línea], 3 de agosto: http://footwearnews.com/2015/influencers/celebrity-style/beyonce-music-video-house-of-borgezie-stilettos-photos-48727/  [Consultado el 19/02/2016].

18. BENITO, Carlos (2015), «Casados con el derroche». En Sur, [en línea], 21 de septiembre: http://www.diariosur.es/gente-estilo/201509/21/casados-derroche-20150921212412.html y DAILY MAIL REPORTER (2012), «A solid gold rocking horse and a Swarovski diamante encrusted high chair... Beyoncé and Jay-Z splash £1million on baby Blue». En Daily Mail, [en línea], 11 de enero: http://www.dailymail.co.uk/tvshowbiz/article-2084463/Beyonc-baby-Singer-Jay-Z-splash-cash-Blue-Ivy-Carter.html [Consultados ambos el 19/02/2016].