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lunes, 27 de febrero de 2017

Los ricos contra Trump y Coca-Cola contra el Pato Donald.

Los ricos contra Trump y Coca-Cola contra el Pato Donald

La élite del capital en mediática disputa 


Al parecer, nadie que merezca el respeto de los respetables apoya a Trump. O eso dicen. Incluso es conocido que antes de su victoria electoral, el mismísimo George W. Bush., otrora paradigma del conservadurismo global, se posicionó contra el sufrido oligarca.1 También durante la campaña, el pobre multimillonario padeció el acoso de la mayoría de los medios masivos.2 Incluso una vez electo presidente, el septuagenario y mediático líder de la nueva derecha “nacionalista-internacional” encontró una inesperada y “temible” adversaria: Madonna, que auguró a la plebe que la adora una revolución “del amor” (es decir, sin expropiaciones).3 Por si fuera poco tener de enemiga a la menos virgen de todas las célebres damiselas de la siempre inmaculada industria del pop, ahora a Trump le ha surgido un nuevo problema con mediáticas curvas: Katy Perry. Así es, porque la también cantante, poseedora de la cuenta con más seguidores de Twitter, no deja de ensañarse con el Tío Gilito de la política mundial.4

Poco importa que la señorita Perry grabara un videoclip propagandístico para el Pentágono con el asesoramiento de los Marines para nutrir de mujeres sus filas o que hiciera diversos conciertos para ayudar a su ejército en sus imperialistas aventuras allende los mares.5 Ahora Perry está “concienciadísima” de querer proteger a los más débiles.6 La multimillonaria estrella del pop ha sido una convencida demócrata de toda la vida, es decir, desde que Obama ganó el Nobel de la Paz y prometió sin cumplir cerrar Guantánamo para siempre. Barak, por su parte, siendo presidente, animaba a los jóvenes a ir a los conciertos de su archiconocida amiga.7


Pero hasta con el primer presidente mulato en retirada de La Casa Blanca, Perry siguió fiel a los candidatos demócratas y no le guardó ningún rencor a Hillary Clinton, su otrora adversaria, a la que apoyó decididamente desde el inicio de su segunda intentona presidencial. Tanto cuando se enfrentó al izquierdista Bernie Sanders por la candidatura demócrata como cuando más tarde tuvo que vérselas con el victorioso vaquero republicano, agente Trump: Donald Trump. En su militancia, Perry, pese a tener unos padres ultraconservadores,8 llegó a grabar un vídeo semidesnuda a favor de Clinton y a prometerle una canción electoral.9 Pero nada de eso bastó para que la mujer de George pudiese continuar con el legado político de Barak: en otras palabras: la política Coca-Cola.

¿Pero en qué consiste esta chispeante y gaseosa praxis política? La política Coca-Cola es el soft power de Joseph Nye o la publicidad corporativa de siempre, que ni la descubrió Naomi Klein con No Logo ni Philip Knight con Nike, sino los asesores de Rockefeller en 1914 (tras una masacre obrera a manos de sicarios del empresario), derramada en la arena política.10 En bruto: a Dios rogando y con el mazo dando. Como Coca-Cola, sirviendo con su mano izquierda anuncios de relajada gente guapa y “enrollada” sonriendo en la playa mientras con la diestra deja a cientos de trabajadores sin empleo, aplasta la disidencia sindical o desobedece sentencias judiciales.11 La praxis Coca-Cola se basa en cometer las mismas fechorías capitalistas e imperialistas de siempre, pero con un halo de santidad “cool” que les hace parecer justo lo contrario de lo que son.

Para los convencidos de esta política del marketing (no, no hablamos de la mayoría de dirigentes de Podemos), Obama, por ser “negro”, era mejor y menos racista que sus predecesores, pese a que expulsó a más inmigrantes que todos los presidentes blancos anteriores.12 Hillary, por el mero hecho de ser mujer (siguiendo el absurdo prisma del posmodernismo todavía hegemónico en la izquierda), debería ser más moderna y sensible que cualquier hombre, pese a que en sus tiempos de Secretaria de Estado se alegraba de un modo ciertamente nada “maternal” del asesinato de sus enemigos políticos.13
Como aventuró Terry Eagleton hace casi veinte años y como ha confirmado recientemente Slavoj Zizek,14 hemos llegado a un punto en el capitalismo que ya ni siquiera es necesario, o cada vez resulta más prescindible, el hecho de otorgarle un rostro humano al fascismo que requiere cualquier sociedad de clases. En este sentido, Trump constituye el principio del fin de la moral pública en la política de masas controladas mediáticamente. Y no puede ser de otro modo viniendo de un hombre que, henchido en un mitin televisado, anunció su apoyo a las torturas en los interrogatorios: “¿Qué si apoyo los ahogamientos simulados? Te puedes apostar el culo a que sí”.15

El patoso Donald, hipercaricaturizado por la prensa “seria”, con su pose de John Wayne, es el inicio del fin de la política Coca-Cola. Es el ocaso del soft power de negros y mujeres travestidos, la extinción de las miradas cándidas y los hollywoodienses discursos para justificar lo injustificable. Trump es, por fin, el soñado héroe mediático del trabajador totalmente alienado por el discurso de aquellos que le oprimen. El presidente estadounidense es como aquel “héroe” de violentas películas de acción que tras masacrar a “los malos”, mientras le contemplan temerosos y moribundos, todavía es capaz de mofarse de ellos con sus propios chascarrillos.

En realidad, Donald Trump y sus mediáticos enemigos no son sino diferentes partes de la élite de la clase dirigente en disputa por controlar la superestructura capitalista actual. Donald y los nuevos protofascistas electos de derecha son los renovados rostros que necesita la lógica del capital en esta época de recortes sin recuperaciones. En este tiempo de capital mundializado y trabajadores nacionales enfrentados, de jornadas extenuantes pese a la robotización acelerada y el paro estructural, de necesarios chivos expiatorios a los que cargar la ira de los aplastados (siempre los otros: los no americanos, los inmigrantes, los musulmanes, etc.). El capital actual necesita a Trump y sus acólitos del mismo modo que el gran capital alemán se sirvió de Hitler poco antes de la II Guerra Mundial en un contexto de crisis económica con inquietantes similitudes con la actual.


Frente al supuesto Pato Donald de la política internacional, Madonna, Katy Perry y el clan Clinton son parte de una élite predestinada a la desaparición por ser disfuncionales para contener las contradicciones sociales que genera el capital hoy día. Por eso serán barridos por los vientos de la historia, del mismo modo que en un futuro no muy lejano, la actual izquierda será expulsada del mapa por ser francamente incapaz de unir y soliviantar a aquellos que son los únicos que pueden revertir la presente situación de creciente barbarie sociopolítica internacional: los trabajadores.

Aquellos a los que todavía no se les oye debido a lo fuerte que resuenan los altavoces de los de siempre en sus taponados y atolondrados oídos. Pero en algún momento se acabará la música de unos y empezará la de otros, del mismo modo que se acabó la de Coca-Cola/Obama/Perry en la política y llegarán las de las nuevas y burbujeantes estrellas protofascistas del pop que apoyarán a Trump. Así las cosas, hay que entender que el gran pecado que la élite “ilustrada” del capital no le perdona a Trump no es que sea racista, chauvinista o imperialista, sino que se está cagando (y disculpen la palabra) sobre el soft power que la industria cultural junto con el gobierno estadounidense cultivaron durante décadas desde el fin de la II Guerra Mundial para garantizar su hegemonía como potencia mundial. Trump y la nueva élite que lo apoya, están destruyendo su obra en cientos de artículos, libros, series de TV, películas, videojuegos o videoclips. Tanta diplomacia cultural, tantos cerebros engullidos, para que ahora venga alguien tan tosco a aguar la fiesta.

Quizás cuando deje de sonar como cool el himno de EUA por la mala imagen del Donald constructor de muros, comience a resultar atractivo el himno de La Internacional o alguno de semejante contenido en las mentes de los sometidos. ¿Nostalgia marxista? Peores cosas se han visto. Quizás en forma de rap o con guitarras eléctricas, pero, ¿quién se esperaba acaso que alguien como Trump se convirtiera en presidente de Estados Unidos hace tan solo ocho años cuando el Yes We Can de Obama sonaba victorioso en los oídos del confundido progresismo mediático globalizado?

No debe resultar sorprendente que los enlatados cantos de sirena de la élite “buena” resuenen por todo el orbe, lo lamentable es que nosotros, en tanto que asalariados, los tarareemos. Lo grave es que nos creamos su propaganda disfrazada de refrescantes anuncios y pegadizos videoclips, que pensemos que el mañana lleno de amor y convivencia multicultural que nos garantizan si apoyamos a “sus buenos” serán posibles en nuestra realidad. Precisamente aquí, en una sociedad-mundo que todavía sin asentarse se resquebraja por doquier debido a la lógica del capital que amenaza con explotar impidiendo la consolidación de los antiguos sueños de emancipación que nos llevaron a lo mejor del presente. Es decir, los sueños de un mañana donde los ciudadanos nacionales, los inmigrantes y los refugiados dejen de serlo para transformarse en lo que ya son pero casi nadie reconoce: trabajadores internacionales. Si lo hacemos bien, esta vez lo serán, lo seremos, de una sociedad-mundo sin clases, sin muros ni fronteras. El único espacio posible donde los Derechos Humanos dejarán de ser papel mojado para, por fin, habitarnos.

El presente artículo fue finalizado el 20 de febrero de 2017 y publicado en el Topo Express. Su reproducción, siempre que sea sin ánimo de lucro, se cite la fuente y la autoría, será libre bajo licencia Creative Commons.
Notas:
  1. Bassets, Marc (2016), “Los Bush dan la espalda a Donald Trump”. En El País, [en línea], 6 de mayo: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/05/estados_unidos/1462472195_378079.html (Consultado el 16/02/2017).
  1. Lo que le valió el apoyo de despistados trabajadores que lo catalogaron de “antisistema”.
  2. Gallón S., Angélica (2017), “Madonna: su furia contra Trump, su revolución del amor y sus ganas de estallar la Casa Blanca”. En Univisión, [en línea], 21 de enero: http://www.univision.com/estilo-de-vida/trending/madonna-su-furia-contra-trump-su-revolucion-del-amor-y-sus-ganas-de-estallar-la-casa-blanca (Consultado el 20/02/2017).
  1. Katy Perry, con más de 95 millones de seguidores, es la cuenta más popular del mundo en Twitter, seguida de otra estrella del pop, el canadiense Justin Bieber, con más de 91 millones de fans (Consultado el 16/02/2017). Esta cantante no deja de increpar a Trump: Gomar, Ignacio (2017), “La reacción de las famosas ante la era Trump”. En El País, [en línea], 13 de noviembre: http://elpais.com/elpais/2016/11/11/viva_la_diva/1478856747_394566.html (Consultado el 20/02/2017).
  1. Illescas, Jon. E. (2015), La dictadura del videoclip. Barcelona: El Viejo Topo [2015, 2ª ed. 2016], pp. 350/354.
  1. Con su videoclip Chained to the Rythm (2017), en el cual precisamente critica lo que ella misma ha estado haciendo todo el tiempo desde su Olimpo de Dioses y Diosas prefabricados de la industria del pop: alienar a la juventud global y apoyar a la élite del poder.
  1. Illescas, Jon. E. (2015), La dictadura del videoclip. Barcelona: El Viejo Topo [2015, 2ª ed. 2016], p. 332.
  1. Ibídem, p. 7
  2. Sobre el vídeo: Jerkovich, Katie (2016), “Katy Perry Votes Naked In Latest Video To Turn Out The Vote For Hillary”. En The Daily Caller, [en línea], 27 de septiembre: http://dailycaller.com/2016/09/27/katy-perry-votes-naked-in-latest-video-to-turn-out-the-vote-for-hillary-video/ (Consultado el 20/02/2017). Sobre la canción: Showbiz (2016), “Katy Perry quiere componer el tema electoral de Hillary Clinton”. En La Opinión, [en línea], 24 de junio de 2014: http://laopinion.com/2014/06/24/katy-perry-quiere-componer-el-tema-electoral-de-hillary-clinton/ (Consultado el 20/02/2017).
  1. En la llamada “Masacre de Ludlow” en 1914: Illescas, Jon. E. (2015), La dictadura del videoclip. Barcelona: El Viejo Topo [2015, 2ª ed. 2016], p. 551.
  1. Coca-Cola en lucha (2016), “Somos Cocacola en lucha”. Madrid: La Oveja Roja.
  1. García Marco, Daniel (2016), “Estados Unidos, ¿se merece Barak Obama que lo llamen “deportador en jefe”? En BBC, [en línea], 27 de enero: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160120_obama_deportaciones_eeuu_dgm (Consultado el 20/02/2017).
  1. Por ejemplo, cuando se enteró del brutal asesinato de Gadaffi. Aquí el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=Fgcd1ghag5Y (Consultado el 20/02/2017). La reflexión: Wight, John (2016), Hillary Clinton and the Brutal Murder of Gaddafi”. En Counter Punch, [en línea], 21 de octubre: http://www.counterpunch.org/2016/10/21/hillary-clinton-and-the-brutal-murder-of-qaddafi/ (Consultado el 20/02/2017).
  1. Eagleton, Terry (2005), Ideología. Una introducción. Barcelona: Paidós [1995]. Sobre Zizek: BBC News (2017), “Slavoj Zizek on Trump and Brexit”. En YouTube, [en línea], 17 de enero: https://www.youtube.com/watch?v=2ZUCemb2plE (Consultado el 20/02/2017).
  1. EFE (2017), “Trump apoya la tortura en los interrogatorios como método efectivo para combatir el terrorismo”. En El Mundo, [en línea], 27 de enero: http://www.elmundo.es/internacional/2017/01/26/58896262e5fdeaad368b465f.html (Consultado el 20/02/2017)
Libro del autor:

martes, 28 de abril de 2015

Gramsci y la nueva civilización





Reflexiones sobre marxismo y cristianismo
Jon E.  Illescas (Jon Juanma)*

El 27 de abril de 1937, en Roma, se apagó la llama de uno de los marxistas más lúcidos del siglo XX. El que fuera máximo responsable del Partido Comunista de Italia abandonó este a veces árido e ingrato mundo, después de una década de reclusión en las cárceles de Mussolini. Sin embargo, pese a su partida, nos dejó una serie de reflexiones políticas de incalculable valor que todavía nos pueden iluminar en la oscuridad de nuestro planeta. El conjunto de apuntes y reflexiones que escribió durante el tiempo en que fue preso del fascismo se conocen como los Cuadernos de las Cárcel, obra magna del pensamiento político contemporáneo.

Antonio Gramsci fue un dirigente comunista atípico. En primer lugar porque aunque era fiel al principio del marxismo por el cual la estructura de la sociedad está determinada por su base económica (esto es, fuertemente condicionada por el conjunto de las relaciones de producción en diálogo con las fuerzas productivas), también fue uno de los primeros en otorgarle gran importancia al estudio de la cultura como retroalimentación necesaria de aquella. Y en segundo lugar porque dentro de la cultura prestó mucha atención a la religión cristiana, tanto en su vertiente católica como protestante. Lo que para la mayoría de los marxistas era simplemente parte del conjunto de la superestructura, que se derrumbaría con el fin del capitalismo, para Gramsci era un fenómeno más complejo del cual se podía aprender para construir una sociedad donde los ser humanos no explotaran a sus iguales.

Esto era así porque Gramsci, pese a su ateísmo, entendía que para construir una sociedad sin clases no bastaba con colectivizar la economía. El movimiento comunista necesitaría no sólo un programa económico con el que superar el régimen social basado en la propiedad privada de los medios de producción y el trabajo asalariado, sino que también precisaría de una reforma moral e intelectual. Con ella, la clase obrera podría crear una cultura contrahegemónica a la burguesa dominante y así guiar al resto de sectores populares hacia la toma del poder. Una vez en él la nueva cultura se convertiría en hegemónica y la sociedad civil se transformaría paulatinamente en un organismo autorregulado donde la coerción estatal fuera crecientemente innecesaria. Gramsci pensaba que esta cultura liberadora sería el materialismo histórico, también designado como filosofía de la praxis. 

El cristianismo emancipatorio, comprometido con la realidad y la lucha contra las injusticias de su tiempo, puede aprender mucho de las reflexiones gramscianas. Puede y debe ser parte de esta reforma moral e intelectual que lleve a la sociedad a desprenderse de las opresivas cadenas del capitalismo. Un sistema social internacional que con su búsqueda incesante de beneficios produce en los sujetos una cultura individualista, consumista y posesiva que corroe las posibilidades de una vida cristiana. 

Sin embargo, pese a sus lúcidas reflexiones, Gramsci  no sólo estaba preso por los barrotes de la cárcel sino también por ciertas rígidas concepciones de la III Internacional. Por esa razón, aunque organizativamente observaba a la religión como un modelo del que aprender para popularizar la nueva cultura, la seguía caracterizando como un obstáculo para la emancipación humana. Así partiendo de Gramsci, debemos ir más allá de sus limitaciones, y entender que en realidad, los cristianos pueden aprender mucho de la crítica marxista al capitalismo y los marxistas (y otros anticapitalistas) deben aprender mucho de la genuina praxis cristiana si quieren conocer alguna vez el socialismo. Porque como decía Machado “se hace camino al andar”. Sólo construiremos una nueva y más evolucionada sociedad si comenzamos a cimentarla desde nuestro día a día y no cuando alcancemos el poder. Porque si dejamos esa titánica tarea para después, no habrá cimientos que tras su conquista puedan sostenerla. Para que perdure se precisa de nuevos hombres y mujeres, con nuevas formas de sentir. 

Aquí es donde el cristianismo coherente puede iluminar la senda revolucionaria, desde el amor, la solidaridad y la humildad que guio a Jesús de Nazaret en su praxis liberadora. Su pasión por la verdad y la justicia, su compromiso por la transparencia en el camino, pueden ser un potente antídoto contra la miseria del realismo político que con cinismo posterga la revolución hacia un mañana que no arriba, mientras en las distancias cortas se ufana por conseguir espacios de poder envenenados con la lógica del adversario. Así, dinamitando su moral, con el conocido mantra que reza que el fin justifica los medios, los anticapitalistas destruyen fatalmente la sociedad que pretenden construir desde la misma travesía. No hay nada más marxista que entender los peligros de esta dialéctica negativa, no hay nada más cristiano que ofrecer las herramientas para superarla.

* Jon Juanma es el seudónimo artístico de Jon E. Illescas Martínez, licenciado en Bellas Artes y Doctor en Sociología y Comunicación. 


 
Este artículo fue originalmente escrito para entreParéntesis a finales de abril de 2014. Tiene licencia internacional Creative Commons 4.0 por lo cual se puede compartir siempre que no exista finalidad comercial, se reconozca la autoría y se respete la integridad del texto.

jueves, 26 de abril de 2012

Publicidad, arte y propaganda: obsolescencia programada y dolores de cabeza.



"Bajo el Capital" por Jon Juanma (2004).
"Bajo el capital", óleo sobre lienzo (2004). Jon Juanma.

Jon Juanma *

Lo mucho se vuelve poco con desear un poco más
Francisco de Quevedo y Villegas (1580/1645).

Usualmente la publicidad se nos presenta como un formato o conjunto de estrategias que las empresas emplean para dar a conocer sus productos entre un público potencialmente interesado (target en inglés). Una función aparentemente diáfana: conectar las necesidades de los usuarios con las soluciones ofertadas por las empresas. En un principio, con el advenimiento del consumo de masas fruto de las necesidades de la sociedad industrial incipiente en el siglo XIX, la publicidad realmente cumplió ese papel de Celestina entre empresas y usuarios. Pero llegado el principio del siglo XX y especialmente después de la II Guerra Mundial, cuando los mercados mundiales se hallaban crecientemente saturados y todos habían comprado lo necesario, los empresarios se toparon con un grave problema: aquellos clientes que habían adquirido su lavadora o su frigorífico, no comprarían los siguientes hasta después de veinticinco años (que era lo que solían durar por aquellos días). Así las cosas, ¿a quiénes iban a vender sus productos todos los años para mantener o mejorar las cuentas de resultados? Los empresarios se percataron que, bajo condiciones de producción capitalistas1, debían crear nuevas necesidades entre los compradores para que las ventas (y sus ganancias) continuasen. De lo contrario, sus ingresos comenzarían un declive letal que les obligaría a cerrar sus empresas y echar a los trabajadores a la calle. Es así como nació la obsolescencia programada de mercancías y el paso de usuarios a consumidores.

La obsolescencia (cualidad de aquello que cae en desuso) programada se produce en la actualidad con más intensidad que nunca antes, de dos modos diferentes. El primero consiste en reducir artificialmente la vida útil del producto para que el usuario se halle en la obligación de volver a comprar otro en poco tiempo, normalmente poco después de vencer la garantía del fabricante (frigoríficos, lavadoras, cámaras, teléfonos móviles, piezas de automóviles, etc) y se desarrolla desde los departamentos de I+D de las grandes compañías. Estas divisiones empresariales trabajan para que las piezas y materiales tengan una duración muy inferior a la que podrían aspirar por el desarrollo tecnológico actual. El segundo modo consiste en crear y fomentar modas que continuamente renueven las apariencias de las mercancías para obligar a los usuarios de un cierto poder adquisitivo a mantener actualizado su estatus social. Esto es: nadie que quiera ser considerado cool puede llevar unas gafas de sol durante una década a no ser que pretenda que se rían de él cuando llegue a la playa; pero si espera dos décadas, será muy posible que la moda retro le permita ponerse las Ray-Ban de su padre. Este último tipo de obsolescencia inducida por las modas, todavía funciona razonablemente bien para los intereses empresariales en productos como automóviles, televisores, ropa, software informático, etc., los cuales mantienen ritmos de renovación formal extremos (como en el caso de los forzados requerimientos del sistema en Windows, los videojuegos punteros y las tarjetas gráficas). Otro ejemplo paradigmático lo tenemos en el caso de las equipaciones oficiales de los clubes de fútbol. Cada temporada modifican sus diseños para mantener constantes las cuotas de ingresos de multinacionales del textil como Nike, Adidas o Reebok, induciendo a sus fans la necesidad de “mantenerse al día” con su querido equipo, pagando por su devoción futbolera cantidades muy superiores a las pagadas por prendas semejantes.

Pero la publicidad tiene otros efectos más sutiles y profundos sobre las poblaciones, de índole ideológica. Como parte de nuestra iconosfera con la que convivimos a diario nos afecta profundamente en nuestra aprehensión del mundo2. Al igual que todo producto humano, la publicidad, no solo es una objetivación de nuestra actividad creadora en tanto especie, también nos conforma e incide en nuestro desarrollo ulterior. O para decirlo de un modo más sencillo: un pastelero objetiviza sus habilidades y conocimientos culinarios (su oficio) en la realización de pasteles; pero si se comiera uno de ellos todos los días, mañana y tarde, seguro tendría repercusiones para su propio organismo en lo referente a colesterol, azúcar y grasas. Entonces, ¿qué nos ocurre cuando a través de nuestros sentidos “ingerimos” enormes cantidades de publicidad diaria? Depende del individuo, a unos les afecta más y a otros menos (como los pasteles), depende de nuestra genética, educación, consciencia e ideología, pero absolutamente ninguno de nosotros podemos escapar por completo de su influencia. Para empezar, la representación que muestra la publicidad de nuestra sociedad, por mucho que les pese a ciertos profesionales del sector, es absolutamente falsa, totalmente mistificada y direccionada a cumplir su razón de ser: vender la mercancía anunciada (producto, marca, etc). Sea un desodorante o un ejemplar de “Harry Potter”, una caja de condones o unos misiles de largo alcance3, la razón de ser de la publicidad radica en la seducción y el convencimiento del receptor para la venta de la mercancía: el aglutinante necesario para la generación de plusvalor y la rotación del capital en las sociedades nominalmente “democráticas”4. Y todo lo demás que muestre, desde un indígena anunciando el turismo venezolano en las cadenas de los países enriquecidos hasta el paradisiaco paisaje de una isla caribeña, se reduce a la primacía del objetivo pecuniario. Toda ética y cualquier valor cultural, todo el mensaje con la forma que lo media se orientan decididos para la seducción del comprador potencial (sea un niño que comienza a leer o un adolescente con altas dosis de testosterona, un recalcitrantes opusdeista o un Estado o grupo terrorista5). Sin importar las decorativas agencias de responsabilidad publicitaria que tienen la firme responsabilidad de no tenerla, todo es válido para conseguir la seducción reproductora de capital. Desde mostrar un bebé con el culo al aire jugando con un perro (¿dónde están los derechos de los niños?) hasta insignes fallecidos como Bruce Lee o John Lennon (¿dónde están los derechos de los muertos?), a los que les roban discursos que, convenientemente descontextualizados, sirven para reforzar la imagen (o el culto) de marca6 .

Así que a diferencia del Rey Midas, al que por regalo de Dionisio le fue asignado el poder de transformar en oro todo lo que tocara; a la Reina Publicidad, el dios Capital le dio el poder de transformar en mercancía todo lo que mostrara. La totalidad de lo representado/mostrado en los anuncios queda subsumido a su lógica: los esculturales cuerpos de los modelos, las curvas de las bailarinas, el abrazo de un padre a su hijo y por encima de todo: la promesa constante de (ob)tener una vida un poco menos infeliz una vez pagado el precio. Pero al realizar semejante ejercicio de hipocresía, la publicidad parte de la premisa del reconocimiento tácito de nuestra infelicidad. Solo puede prometernos felicidad en base a su carencia. Para ello debe mostrarnos un mundo que no existe, un decorado con el que soñar un capitalismo imposible al que supuestamente estaremos más cerca de acceder tras la compra: donde todos viviremos en espaciosos áticos de clase media o alta, conduciremos deportivos, ligaremos con mujeres de belleza escultórica por beber determinada marca de licores y disfrutaremos de un apurado en el afeitado solo comparable a la definición de nuestros abdominales. Sin esfuerzo y al instante. Una sociedad paralela donde las mujeres que no tienen un gramo de grasa no dejan de comer enormes helados de chocolate, donde los transportistas conducen furgonetas brillantes con una sonrisa permanente sin importarles la extensión de la jornada laboral y donde después de beber una botella de Martini, en lugar de acabar con un insoportable dolor de cabeza, arribaremos entre un mar de seductoras piernas a una orgía siciliana. Sin explotación ni asesinatos: todo al revés, perfectamente invertido y convenientemente embellecido, mistificado.

En esta ópera contemporánea de la seducción mercantil, la publicidad nos mostrará mil caras fingiendo una individualización constante7, pero solo nos reclamará una: la de consumidores. Todo valor de uso representado será subsumido en la lógica de la seducción del capital-publicidad y cualquier gesto servirá para que el posible consumidor termine por llegar serlo. Solo que una vez comprado el producto, nuestra vida seguirá igual de gris que antes, y de nuevo vendrán a nuestro encuentro más anuncios para prometernos un trocito de cielo con el que colorear nuestro vacío existencial. Simplemente a cambio de lo que podamos entregarle de la mercancía que funciona como equivalente general de todas las demás: el dinero. La promesa capitalista del coito sin fin seguirá acosándonos en las vistas de las entradas a las ciudades, en los cookies de las páginas web o en los clips de YouTube. La eterna masturbación del consumidor, el porno publicitario de sus sueños suspendidos en la pesadilla de su inhabitable mundo real, continuará de la mano de la publicidad hasta que no finiquitemos el sistema económico que le da sustento. O hasta que nos dejen sin dinero para el consumo. Justo lo que está sucediendo actualmente en España y otras zonas de Europa a falta de que las clases populares sean capaces de conquistar la revolución o al menos, acumular la suficiente fuerza para detener los ataques de las clases dominantes. El sistema mundial está mudando sus centros. La riqueza se acumula en otras regiones como Asia (con China e India a la cabeza), mientras las tradicionalmente centrales (como Europa) pierden grados en la jerarquía capitalista internacional, fruto de años de deslocalizaciones industriales en busca de mano de obra barata. Todo ello está produciendo reestructuraciones en la estratificación interna de las poblaciones de los Estados. Las clases dirigentes autóctonas, por ejemplo las españolas, al no poder robar tanto a los trabajadores de otros países como antaño mediante el imperialismo económico de sus empresas, necesitan explotar más a “sus” nacionales (reforma laboral, destrucción de servicios públicos, criminalización de la disidencia, etc). Y así, mientras el poder de consumo de los asalariados autóctonos (con o sin papeles) tiende a extinguirse, la publicidad sufre una evolución promocionando mercancías cada vez más orientadas hacia un público perteneciente a las clases altas8.

En resumen, la publicidad comercial es parte fundamental de la superestructura9 capitalista y como tal, la propaganda sistémica más sutil y seductora de todas cuantas ha generado el homo sapiens desde que en el Neolítico comenzara su doloroso trayecto por las sociedades de clases. Y es la más seductora porque mucho de lo considerado bello o atractivo por el hombre, queda subsumido por su lógica expoliadora. Si en un futuro consiguiéramos conquistar una sociedad realmente democrática sin explotación de clase, con igualdad de oportunidades para todos, debiéramos replantearnos los efectos alienantes que la publicidad comercial dejó en el imaginario colectivo. Recordando que, aunque siempre existirá cierto tipo de publicidad en nuestras sociedades, deberemos exigirle que, una vez liberada de sus compromisos capitalistas, su papel se centre en su función informativa. De este modo, quedarán lejos de sus dominios los espacios más fértiles para el desarrollo de las artes y las necesidades estéticas humanas. Necesidades espirituales que nos seguirán acompañando en nuestras relaciones sociales mientras que el homo sapiens habite este mundo: de formas tan diferentes que a penas hoy podemos si quiera imaginar. Y con un poco de suerte, si todo va bien, esto es, si alcanzamos el socialismo democrático: la dimensión estética que el capitalismo potenció para sus fines no hará sino aumentar con diferente y más constructiva lógica. Por vez primera en nuestra historia, esta dimensión quedará desembarazada de la búsqueda necesaria del enmascaramiento y la alienación de las mayorías para lucir repleta de una ética fruto del gobierno democrático de la colectividad, en convivencia con el libre desarrollo de las siempre diferentes y enriquecedoras individualidades que nos caracterizan10.

Notas:

1. La necesidad del crecimiento sostenido e infinito es un rasgo específico del sistema de producción capitalista, que va contra la lógica de la naturaleza y la sociedad. Pues, por una parte, genera ingentes cantidades de basura que la Tierra no puede reciclar, ni con la ayuda técnica del hombre, actualmente, tampoco .Y por otra, va contra la lógica de la cohesión social pues tiende a polarizar mundialmente la riqueza disfrutada por los individuos, entre unos pocos grandes capitalistas que privatizan las riquezas de las mayorías y unas mayorías crecientes de asalariados cada vez más empobrecidos.

2. En la calle, vallas publicitarias; en el trabajo, televisores encendidas o marcas en las prendas; en casa, desde la radio, la TV o Internet.

3. La publicidad no es solamente aquella dirigida al gran público, en radio, TV o Internet. También hay una publicidad muy costosa, y por ende poco conocida, dirigida a un público de alto poder adquisitivo, como gobiernos o empresas multinacionales. Y aquí también se cumplen varios de los parámetros señalados en nuestro artículo, aunque con una tendencia a ensalzar el valor de uso por encima de mistificaciones de carácter metafísico relacionadas a la fidelización de la imagen de marca.

4. El plusvalor es la parte de riqueza producida por los trabajadores asalariados (fuerza de trabajo) no retribuida por el empresario que suele ir en dos direcciones: al consumo personal de este y a la inversión ampliada en sus propios negocios.

5. Y no hay mejor forma de garantizar la venta de armamentos que anunciando al ejército que más compra en el mundo, para que no falte la mano de obra que cargue las mercancías, ni los terroristas (futuros clientes) que surgirán de sus guerras imperialistas: http://www.youtube.com/watch?v=cq-ZVIZJaI8 (2012/04/23).


7. En Londres ya se están probando las marquesinas de publicidad biométrica, donde mediante una cámara el cartel reconoce si el espectador es hombre o mujer, junto con otros rasgos leyendo el iris del ojo, mientras la publicidad se adopta a sus supuestas preferencias en tanto inscrito en grupos de target. Ver: http://videos.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/hardware/adios-a-la-publicidad-convencional_7EqCzFRZmSJj0MkkMx6uo7/ (2012/04/23).

8. Este es el caso de Loewe con su anunció dirigido a los niños “muy pijos” de las clases dirigentes: http://www.youtube.com/watch?v=UUWFWJ9fRoo&feature=youtu.be (2012/04/23).

9. En la gramática marxista, la “superestructura” es todo aquello que, en última instancia, está conectado dialécticamente y determinado por la base material de la sociedad (las relaciones de producción). En la superestructura entraría todas las producciones culturales de los hombres como la judicatura, las artes, los diferentes sistemas ideológicos, etc.

10. Seguramente acumulativamente creciente a medida que el hombre consiga librarse del trabajo como medio de subsistencia y pueda dedicarse más a la expresión de sus libres potencialidades creativas.

Para saber más, breve bibliografía y filmografía combinadas:

BERGER, John (2007), Modos de ver. Barcelona: Gustavo Gil [1972].
DANNORITZER, Cosima (2010) Comprar, tirar, comprar. España/Francia. Ver: http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/ (2012/04/23).
DEBORD, Guy (1995), La sociedad del espectáculo. Santiago de Chile: Naufragio [1967].
HARVEY, David (2007), Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal [2005].
ILLESCAS MARTÍNEZ, Jon E. (Jon Juanma) (2009): Estetificación y falsificación de la vida en el sistema publicitario. Rebelión, 2 de agosto de 2009 : http://www.rebelion.org/docs/89506.pdf (2012/04/22).
KLEIN, Naomi (2001), No logo. Barcelona: Paidós [1999].
MANDEL, Ernst (1986), Las ondas largas del desarollo capitalista. La explicación marxista. Madrid: Siglo XXI [1980].
MARTEL, Frédéric (2011), Cultura mainstream: Cómo nacen los fenómenos de masas. Madrid: Taurus [2010].
MARX, Karl (2007), El capital. Madrid: Akal [1867].
WALLERSTEIN, Immanuel (2005), La crisis estructural del capitalismo. México D.F.: Contrahistorias.

El presente artículo fue realizado y finalizado el 23 de abril de 2012 para Vía 52. Sin embargo, tiene derechos Creative Commons pudiendo ser reproducido libremente en cualquier lugar siempre que se conserve la totalidad del texto, la estructura, se cite la autoría y no exista ánimo de lucro.

lunes, 11 de julio de 2011

Videoclips, sueños envenenados y revoluciones castradas.


Autor: Jon Juanma

El videoclip es un formato audiovisual relativamente reciente que surgió con fuerza en el último cuarto de siglo XX. Se fue expandiendo primero por las cadenas y los programas temáticos musicales, para más tarde hacerlo por la red, con la extensión de Internet entre poblaciones populares crecientes por todo el mundo1.

La bibliografía especializada acostumbra a citar como primer vídeo musical de la historia el “Bohemian Rapsody” de Queen, realizado en 1975. El mismo año que Margaret Thatcher se hizo líder de los tories en el Reino Unido. Dos años después del golpe de Estado contra Allende en Chile, cuando los Chicago Boys comenzaron la barbarie social con sus politicas monetaristas bajo la protección de Pinochet y la CIA. A falta de un año para la muerte de un Máo Zédōng (毛泽东) cada vez más debilitado dentro de un Partido Comunista Chino que pronto vería como la hegemonía del mismo se dirigía hacia la restauración capitalista impulsada por Dèng Xiǎopíng (邓小平). En definitiva, justo cuando comienza la superestructura política neoliberal: la contraofensiva de la clase capitalista según Harvey o el comienzo del capital-imperialismo según Virgínia Fontes.

Ha llovido mucho desde entonces, y muy fuerte. Tanto en el mundo del videoclip como en nuestro planeta. Su inserción histórica se produce con el auge del neoliberalismo y nos aventuramos a decir que seguramente se extenderá, de diferente modo, por las nuevas y truculentas fases que se avecinan en nuestro sistema-mundo capitalista. Ello no significa que no puedan existir videoclips de izquierda o anticapitalistas, simplemente contextualizamos el escenario de su nacimiento histórico y posterior desarrollo. En otro momento y lugar nos centraremos en la realidad de los videoclips contrahegemónicos y su multiplicidad de lenguajes.

El clip musical o videoclip es un formato que bebe tanto de la publicidad como del cine, a los cuales a su vez retroalimenta. Su objetivo mayoritario es la publicidad del artista (la verdadera mercancía) a la par que, muchas veces de modo secundario, la propia canción. Este formato ha sido celebrado por los teóricos posmodernos como la quinta esencia del posmodernismo. Según ellos, el videoclip representa audiovisualmente todos los valores que vindican esos autores del tipo: cultura híbrida e inestable, ritmo quebrado y experimental, falta de argumento y cronología, ausencia de relatos, hibridación, etc. Sin embargo, después de casi dos años de investigación, puedo asegurar que esto es empíricamente falso. En el videoclip dominante prima la división clásica de la trama: introducción, nudo y desenlace. Si bien por la breve duración del clip, cada una de estas fases tiende a comprimirse con un alto grado de síntesis audiovisual. El esqueleto del videoclip es sumamente clásico, lo que se acelera es el ritmo, y lo que cambia sin cesar: el desfile de disfraces, su envoltura, mas no su estructura.

Los autores posmodernos de los estudios culturales han analizado el nuevo formato desde una perspectiva semiótica atendiendo a cuestiones de género, etnia y también observando las llamadas subculturas o microculturas del sistema, de un modo, la mayor de las veces, sumamente acrítico. Estos académicos del status quo celebran el cosmopolitismo de los clips, de un modo bastante superficial, olvidando por completo la ligazón tan estrecha de este formato con el sistema productivo que los ampara, junto al papel que cumplen dentro del mismo. No sólo como medio para el fomento de la sociedad capitalista de consumo, sino como ariete de su reproducción ideológica, en especial entre la juventud. Los posmodernistas se olvidaron no sólo de todo esto por el camino, sino como acostumbran a hacer, también de esa clase a la que prácticamente niegan su existencia: la trabajadora. Los “intelectuales” acríticos con el capitalismo neoliberal no atienden a ver la reproducción ideológica sistémica que el videoclip reproduce y alimenta. Sí lo ven, en cambio, los principales think-tank y las élites que se encargan de financiarlos y seleccionar cuáles de entre todos ellos serán promocionados, y cuáles no, por sus conglomerados mediáticos transnacionales (Vivendi, Sony Corporation, etc). La inmensa mayoría de los videoclips están financiados por las 4 grandes discográficas (the Big Four: Universal, Sony, EMI y Warner Music) las cuales controlan más del 80% de la producción, si bien se difunden por corporaciones de tendencia oligopólica tan importantes como Google, YouTube, MTV o Disney. Estos videoclips nos muestran un mundo absolutamente mistificado de la realidad socioeconómica. No por su imaginación, ni por su cierta irreverencia o ensoñación artística, no. Si fuera simplemente así, no habría mucho que añadir porque el arte siempre ha tenido un alto componente imaginativo, de ensoñación y elucubración simbólica. El problema es que siempre que estos vídeos musicales nos quieren hablar de la realidad, la mistifican, nos mienten a favor de una misma dirección: la apología capitalista. Estos clips no son sólo unos potentes generadores de estereotipos de género y pueblos del mundo, sino de clase. Nos muestran un planeta repleto de clases medias-altas y magnates (legales e ilegales), donde el sueño que se fomenta en el espectador es el de hacerse rico (como sea) y tener poder sobre el resto de congéneres mientras se compite continuamente con ellos. No aparecen, o raramente lo hacen, centros de trabajo donde se crea toda la riqueza social que luego sí se muestra ya fetichizada en su forma de mercancía acabada: coches, mansiones, yates, aviones, etc. No aparece casi nunca la industria o el campo, muy raramente los trabajadores del sector servicios a no ser que sean vendedores ambulantes o empleados de agencias de publicidad y la banca (cuando no narcotraficantes). No suelen aparecer ni pobres ni trabajadores, sólo consumidores, ese arquetipo soñado por la burguesía de ciudadano amputado. Las huellas del trabajo social, la actividad humana que nos caracteriza, brillan por su ausencia. Además, en los clips hegemónicos la correlación física con la realidad se acerca al terreno de la ciencia ficción, no sólo porque todos sean jóvenes y guapos, sino porque en algunos lugares como Latinoamérica, las estrellas musicales son en su mayoría eurodescendientes con cero representatividad indígena e infrarrepresentatividad de mulatos, mestizos y afrodescendientes (sobre todo entre los más exportados a otros lugares del mundo).

El videoclip es un formato perfecto utilizado para la alienación ideológica de la juventud del sistema mundial, tanto para aquella que vive en los países centrales como para la que vive en periféricos o semiperiféricos. Tanto para los jóvenes de los países enriquecidos como para los de países empobrecidos; para los chicos de clases medias y para los trabajadores pobres con una incidencia cada vez más destacada en los hijos lumpemproletarizados de los trabajadores en paro estructural o de larga duración. Los pueblos periféricos se retratan caricaturizados, los “otros” son minusvalorados o ridiculizados: blancos por negros, negros por blancos, mujeres por hombres y hombres por mujeres. Se enfrentan a los seres humanos con el fin de extraer plusvalía de esa autoafirmación consumista en base a la dominación o minusvaloración del “otro”, siempre peligroso, acechante, continuamente diferenciado, como mercancía actuante y devoradora sujeta a un nicho de mercado en espera de recibir más mercancías para consumir (destruir) y continuar con la reproducción de la plusvalía con su conocida fórmula D-M-D- (Dinero-Mercancía-Dinero).

Para que la velocidad reproductiva del capital sea cada vez más corta, imperativo crecientemente acuciante debido al peso del capital especulativo sobre el capital global total que exige menos tiempo para el retorno de las inversiones, qué mejor que recurrir a la pornocastración o la promesa del coito sin fin2. La sexualidad lo impera todo y es el motor pregnático de la mayoría de videoclips. Sexualidad emotiva a modo de pareja ideal, sexualidad promiscua a modo de orgías, pero sexualidad más o menos velada, más o menos explícita, al fin y al cabo. La sobredimensionalización visual de los atributos femeninos y masculinos es constante, como su fetichización. El canto a la superficialidad casi siempre presente. No existe reflexión y prácticamente ningún ensalzamiento de valores humanos de carácter cooperativo y no competitivo. Con su ritmo constante y frenético, con su flujo3 de imágenes de cuerpos y coches, brillos y yates, luces fosforescentes y culos oleosos, promueven una propaganda de la sociedad del dinero, un culto al valor de cambio, al dinero en tanto supremo fetiche, como nunca antes se había producido en toda la Historia del Arte. Es por ello que es la propaganda más auténtica del capitalismo neoliberal junto con la publicidad, que aunque importante, ya provenía de la superestructura del capitalismo imbricado o keneysiano de las dos décadas largas de la sociedad dorada de consumo central occidental (1945/1973). Como nos enseñó Gramsci, cada momento histórico tiene su mezcla de superestructuras, algunas del pasado y otras originadas en el presente como realmente pertinentes y representativas de su momento histórico. Tanto por su funcionalidad, como por su popularización entre las masas, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el videoclip funciona actualmente como una de las manifestaciones más coherentes de la superestructura capital-imperialista de nuestro sistema-mundo actual, como una de las expresiones de vanguardia de su propaganda más poderosa.

Para entender la influencia de un videoclip basta con decir que algunos de Beyoncé, Ryhanna, Pitbull o Don Omar4 pueden ser visto por cientos de millones de personas en todo mundo, y tiene un efecto propagandístico mil veces superior a cualquier libro de autores de izquierda tan (re) conocidos como Eduardo Galeano o Amy Goodman. Es una de las armas más letales para la reproducción ideológica en la juventud debido a que permite interiorizar a los futuros trabajadores los valores de la reproducción capitalista como naturales. Incluso antes de su incorporación al mercado laboral. Ya no es la escuela el lugar de reproducción principal de la superestructura como decían autores tan diferentes como Althusser o Bourdieu, los videoclips y otras manifestaciones culturales le disputan el predominio sobre todo por su nivel de fascinación y fomento de las pulsiones animales. Por su mensaje directo, su envoltorio virtuoso y su lógica persuasivamente ejemplicante. Mientras que al adolescente de turno, los mensajes de izquierda que pueda escuchar en el instituto o la universidad, le sonarán “a chino” comparados con el mensaje sencillo, comprensible y poderosamente seductor de los videoclips, éstos los consumirá como fast-food intelectual. Además, según los patrones de integración sistémica y autovaloración conductista verá a esos “compañeros protestones” de los sindicatos o las asociaciones de estudiantes más combativas, como desfasados, mutilados o apestados revoltosos que no se integran en la “buena sociedad” (la sociedad de triunfadores, de los “guapos” y “deseables”, de la sonrisa siempre brillante). En el mismo sentido, mediante una ensoñación de altísima factura técnica producida por una estética idealizada en base a cuerpos modelados en el gimnasio, por el bisturí quirúrgico o el pincel digital, los videoclips disociarán a los jóvenes justo cuando estos podrían ejercer el papel de seres humanos rebeldes que luchan por mejorar su futuro y actuar de fuerza contrahegemónica. En cambio, este tipo mayoritario de videoclips atemperan sus pulsiones sexuales por medio de la estrategia del coito ininterrumpido y las reconduce hacia la esquizofrenia del consumo aciago. Los paralizan en una masturbación mental infinita de la que salen enormemente frustrados, pero convenientemente distraídos.

Estos últimos días se habló de la “Spanish Revolution” de un modo más voluntarista que riguroso. Mientras que cientos de miles de jóvenes (y no tan jóvenes) salían a las plazas para protestar por un sistema incapaz de otorgarles un futuro digno, ¿cuántos permanecían en casa alienados viendo clips de YouTube en un flujo continuo de disociación de una realidad cada vez más hedionda? Las mayorías silenciosas son una realidad, no sólo porque voten a la derecha de la derecha y no sean capaces de dar el paso a la izquierda, no. Las mayorías calladas lo son porque se cultivan desde la cuna y se las forma con especial intensidad en la adolescencia y la juventud, donde se les da el golpe de gracia.

Así la Izquierda no entiende porqué no aumenta su presencia en casi ningún sitio con la que está cayendo bajo la crisis, e incluso desciende su apoyo popular allí donde tenía fuerza (y no hablo sólo de la mentira social-liberal). La izquierda anticapitalista no entiende nada porque nunca consiguió trasladar a las bases (ni a la mayor parte de los dirigentes) la importancia de la lucha de clases en la cultura. La Izquierda (electoral o no) está perdida porque no está entendiendo que para luchar contra un enemigo más fuerte se tiene que empezar a construir sueños más allá del cortoplacismo de la protesta que pide vuelvan los derechos sociales perdidos (puro tradeunionismo melancólico del keneysianismo perdido). Esta actitud reformista y pestilente no anima a casi ningún joven para comenzar la lucha, la organización, el compromiso militante entre compañeros. Es necesario más que nunca, como decía Marx, repetir la consigna de “tomar el cielo por asalto”. Si la izquierda no genera sueños de cambios profundos, sueños de un mundo mejor; la derecha seguirá vendiendo fantasías de humo a esos jóvenes que necesitan soñar por imperativo hormonal. Para que una vez llegados a la adultez postergada, cuando ya estén fatalmente endeudados mediante el vasallaje financiero, vean que la neblina capitalista, con todas sus drogas y las luces de neón, no eran sino finas cortinas de implacable opacidad que no les dejaban ver la triste realidad que significaba estar caminando sobre el vacío.

La juventud es idealista, en el buen sentido del término, por naturaleza. Entonces cabría preguntarse, ¿por qué la Izquierda entregó los sueños a sus enemigos de clase? ¿Por qué tiene miedo siquiera a soñar? ¿Por qué está en la prisión aterrorizada por si su utopía resuena en el resto de las celdas y debilita las cadenas? ¿A quién tienen miedo de despertar? ¿A la propia Izquierda, al Socialismo, al Comunismo? No hay rejas más fuertes para la emancipación del género humano que la del “realismo” de aquellos que todo lo ven imposible. Mientras que desde la irreverencia (científica) de los sueños sembraremos la realidad fértil del mañana, desde la realidad de los sueños no cosecharemos más que la miseria del presente.

Los “realistas” de izquierda se creen que viven en una foto en blanco y negro cuando la vida es puro movimiento. Permanecen enfangados en políticas obsoletas de símbolos caducos y banderas que nadie comprende, en ceremonias laicas que los alejan de las mayorías, procesiones amaestradas e inofensivas para el conjunto de los defensores del Capital, absolutamente fuera de juego. La derecha y su élite se toman muy en serio la cultura y el mundo de los sueños. ¿Y nosotros qué vamos a hacer? Hacia arriba o hacia abajo, hacia delante o para atrás. ¿Hacia dónde queremos mirar?

Ya es hora de prohibir entre la militancia de izquierda el no pensar, el no reflexionar, el no estudiar, la falta de autocrítica, pero sobre todo, es el momento de prohibir desde la intransigencia jacobina más radical posible, la enorme desidia de izquierdas que significa el no soñar. Deberíamos reservar el destierro a las filas de la derecha para todo aquel que se atreva a no cerrar los ojos de vez en cuando e imaginarse un futuro mejor para todos.

Nos jugamos la libertad. Y cualquier mundo que merezca la pena ser vivido.

* Jon Juanma es el seudónimo de Jon E. Illescas Martínez.

Notas

1. Según el Banco Mundial, más del 25%: http://www.google.com/publicdata?ds=wb-wdi&met_y=it_net_user_p2&tdim=true&dl=es&hl=es&q=usuarios+de+internet+en+el+mundo, según otros indicadores la cifra asciende al 30%: http://eleconomista.com.mx/tecnociencia/2011/04/04/30-poblacion-mundial-usa-internet . De cualquier modo, se refiere a usuarios fijos, con lo que la gente que accede como internauta disperso es superior. En este enlace de la CIA World Factbook se puede ver un desglose detallado por países, siendo el que más usuarios tiene la China: https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/rankorder/2153rank.html

2. Teoría explicada en mi obra: “Estetización y mistificación de la vida en el sistema publicitario”: http://www.rebelion.org/docs/89506.pdf , en portugués en: http://e-revista.unioeste.br/index.php/temposhistoricos/issue/view/378/showToc .

3. Concepto de Raymond Williams que adquiere mayor significación si cabe del paso de la TV al Internet.

4. Ver por ejemplo: http://www.youtube.com/watch?v=EVBsypHzF3U, http://www.youtube.com/watch?v=e82VE8UtW8A o http://www.youtube.com/watch?v=t4H_Zoh7G5A.

Blog: http://jonjuanma.blogspot.com/

Obra artística: http://jon-juanma.artelista.com/

Correo: jonjuanma@gmail.com